Escrito por El Clóset / Ilustración por Onreivni

Hay momentos que nunca pensé que podían pasar. La suerte nunca ha jugado de mi lado ni me ha hecho entender que en el campo del amor algo me va a resultar. Todo empezó cuando tenía 10 años y me gustó una niña, una compañera de la escuela. Mi escuela era de esas con 45 niños por sala y con cursos hasta la E y el único en un pueblo que sólo veía gente en el verano, el resto del año era todo aburrido, poco trabajo y la playa pasaba vacía. La niña llegó porque su papá era carabinero y lo trasladaron a mi pueblo. Ahí partió todo. Claramente nunca funcionó nada, nunca pasó algo. Tampoco, pensándolo ahora, quería que pasara algo en realidad, era un típico amor de niños.

Después me di cuenta que sólo me gustaban los niños. Crecí y fui conociendo otros niños a los que también les gustaban los niños, todo gracias a las redes sociales y lo que entrega Internet. Conocí al primer niño que me gustó. Cuando le dije que me gustaba me dijo que mejor me lo hubiese guardado, que esto no va a funcionar, que mejor quedemos como amigos, que nunca me vio como algo más. Todo hubiese sido fácil si no nos hubiésemos hecho mejores amigos primero, si él no hubiese vivido frente a mi casa por los siguientes tres años y estudiado en el liceo del frente por otros cuatro. Tenía que verlo siempre y mi corazón se seguía rompiendo en pedacitos cada vez que lo veía, y no sabía cómo reaccionar, tenía 15 años y ya me habían roto el corazón dos veces.

Mientras tanto durante dos años fui compañero de un niño que venía del campo. Nos llevábamos bien hasta que comenzaron los rumores (en verdad, hasta que comenzó a correr la verdad, porque nunca fueron rumores) de que a mí me gustaban los niños. Desde ahí que me dejó de hablar y se puso nervioso, no fue nunca más a mi casa y dejamos de ser amigos, claramente. Él también me gustaba y yo otra vez terminé con el corazón roto.

Cuando entré a la U, a mi primera carrera, pensé que todo iba a ser distinto. Conocería gente nueva, la idea era comenzar con el activismo, crecer políticamente, leer recomendaciones de autores que la llevaban en el ámbito de la teoría queer y encerrarme en eso por tiempo. En Derecho conocí a un chico que era muy bacán. Todos ya sabían que yo era cola y a nadie le importaba (en realidad la U era privada y con el tiempo me enteré que toda esa gente si me molestaba a escondidas). Me gustó tanto. Una amiga cachó y le contó, y él de la manera más tierna posible le dije: “wow, qué loco, pucha a mí me gustan las niñas, pero qué bonito ¿qué le gustará de mí?”. Me cambié de carrera y él también, perdimos el contacto, pero a veces hablamos y sólo hay buena onda entre medio.

Me cambié de U y también me gustó un niño, también terminé con el corazón roto. No fue ninguna novedad, pero me gustó mucho, fue muy importante para mí. Pero el tiempo logra hacer que uno se olvide de todo, pero no me demoro nada en volver a recordar todas las lágrimas que boté y todas las veces que me sentí mal conmigo mismo porque nadie gustaba de mí de vuelta.

En la pega también me gustó un niño, tampoco funcionó. Le dije que me gustaba en un carrete. La peor decisión de todas, más que entrar a estudiar derecho, más que preferir un pc a un mac, más que comprar el CD de Shakira y no el cassette. Le dije y me dijo que a él no le pasaba lo mismo, y a los dos minutos se estaba comiendo con el ex de mi mejor amigo mientras los djs ponían la mejor música del mundo y mis amigos se perdían en el baño con el polvo blanco y yo estaba solo tomando una piscola.

Sí. Nunca me ha funcionado nada. He tenido mala suerte, la gente que me gusta nunca gusta de vuelta de mí. No sé por qué he tenido que sufrir tanto. Encuentro que es injusto, que nadie debería pasar por esto. He sufrido más que ganado, no he ganado nada, a nadie y sólo lo he pasado mal. La soledad es el precio que he tenido que pasar por no ser del gusto de la gente por no ser flaco y quizá por tantas otras cosas.

Hace unos meses conocí a un niño menor que yo. Era el cumpleaños de una amiga y apenas lo vi me gustó. Y sí, ahí fui de nuevo. Pero ahora pasó algo que nunca había pasado antes. No sé si yo tenía mucho alcohol en la sangre o realmente pasó así, porque todos sólo estaban preocupados de celebrar a la cumpleañera y nadie se preocupó de cómo me miraba este niño y cómo lo miraba yo a él. Nos cruzamos miradas muchas veces y me gustaba, me sentía bien. Fumé y me fui tres planetas más arriba y mientras se iban a dormir se sentó al lado mío a esperar que se me pasara. Me gustó esa sensación, nunca la había experimentado, más que con amigas cuidándome. Me gustó a la primera. No tuve que repensarlo. Todo pasó naturalmente en mí, era perfecto. Cada vez que lo miraba me gustaba un poquito más. Sabía lo que iba a pasar, pero igual intenté.

A pesar de todo el camino recorrido, los corazones rotos, nunca me rendí. Siempre di todo lo que podía dar para demostrar que mis intereses eran, de alguna manera y sin haber empezado nada, genuinos y que mis ganas de conocer a alguien eran verdaderas y que no eran un capricho, porque siempre que me gusta alguien es por algo, nace de mí un movimiento natural que crea y que logra que esto funcione de cierta manera en la que me termino enganchado de tal manera.

Lo agregué a Facebook al otro día, lo seguí en Instagram también. Lo saludé, conversamos muy poco. Me lo volví a encontrar en la U. Tenemos amigos en común así que claramente lo volvía a ver, no tan seguido, pero casualmente. Como me gustaba tanto lo invité a salir. Me regalaron unas entradas para un concierto y lo invité para que saliéramos. Me dijo que no, que tenía que viajar, pero que hiciéramos algo un día antes. Le hablé el día antes y me dijo que tenía que salir. Ahí recién caché que esto no iba a funcionar que yo no le gustaba de vuelta, o que no le interesaba ni siquiera conocerme, porque eso, no nos conocíamos. Después me lo topé en un par de carretes y buena onda. Hasta que hace unas semanas nos vimos, también por casualidad. Todo se sintió bien, andaba con una amiga que tenemos en común y le dije que si querían fumar. Sólo fue de nervioso porque no era mío, pero a mi amiga le gusta compartir, así que le dio lo mismo. Terminó ese carrete y caminamos a la Plaza un rato. Eran las 12 y mi último bus pasa a las 12,10 así que me iba a despedir cuando él dijo: pero quédate, compremos copete y te quedai en mi casa. Una amiga dijo, sipo si te podís quedar en mi casa igual. Y yo dije: sí, si igual me puedo ir donde una amiga, no hay atado, ya compremos algo más. Nos quedamos ahí hasta las dos y media de la madrugada y buena onda. Cuando ya era tarde una amiga se fue y quedamos tres. Fuimos a comprar una bebida para el pisco y pasamos a buscar a otra amiga. Me sé tan bien esta historia, la he pasado por mi cabeza tantas veces buscando algo, algún indicio que me ayude a darme cuenta lo tonto que fui o si yo estoy viendo las cosas de otra manera, o si necesito verla desde un tercer foco o quizá qué necesito para entender mejor lo que pasó. Me gustaría tanto saber. En el camino nos fuimos conversando. Me habló de una banda que le gusta a la que yo no le he puesto mucho oído. Llegamos y tomamos, cocinó tallarines, todos comimos muy felices. Dijo: tú y tú duermen en el sillón, y tú (mirándome a mí) duermes conmigo, en mi cama. Obvio que yo no podía creer ni una hueá de lo que estaba pasando. Porque dos cosas: uno, nunca me había pasado algo así; dos, nunca ningún niño que me gustaba me había dicho eso. Lo repitió dos veces en la noche. Y yo muy tranquilamente respondía, sí obvio no quiero molestar da lo mismo donde sea.

Llegó la hora de ir a dormir. Eran las 3 am y nos metimos en la cama. Conversamos un rato, nos hacíamos cariño en las piernas. Quiero dejar claro que él empezó todo. Con el historial que tengo, no me atreví en ningún momento a tomar la iniciativa sobre en esa cama. Pasó que me terminó abrazando y yo lo abracé de vuelta. “No sé lo que estamos haciendo” me dijo medio acomplejado. Y yo no sabía qué responder, le dije que tranquilo que pasara lo que tenía que pasar. “Igual siento que tenemos que hablar de esto”, me dijo.

–¿En serio?

–Sí, no quiero que se mal interprete. Esto pasa porque se dio el momento, yo soy súper inseguro…

–Está bien.

–Y no quiero que nadie se pase rollos.

Silencio y me volvió a abrazar. Y pasó lo que pasa cuando se da esta situación. Lo único que quiero contar sobre lo que pasó esa noche fue que sus besos me gustaron mucho, y hoy los recuerdo y lo único que quiero es que se vuelva a repetir, que vuelva a pasar. Porque no fue eso solamente. Mientras me hacía cariño con sus pies ambos nos quejábamos que teníamos frío, empezamos todo y ya no nos quejábamos de nada. Entre medio de todo me volvió a abrazar, y a pesar de que yo no sentía frío me tocó la espalda y me dijo “estás heladito”.

¿Cómo le podía explicar que sentía frío? Cómo le podía decir que siempre he estado helado. Que hay partes de mi cuerpo que nunca nadie ha tocado, en las que nunca he sentido calor, en las que nadie que ocupe un minúsculo lugar en mi corazón se atrevió a tocar.

¿Cómo le podía decir que con él ya no sentía frío? Cómo le explicaba que ese momento estaba siendo perfecto, que los rollos me los iba a pasar igual, que este momento para mí no se dio porque se dio y ya está. Que el momento me lo formó él, invitándome desde un principio a su casa, a dormir con él, empezando a hacerme cariño con sus pies, a abrazarme. Que me sentía bien, tan bien que a pesar de todo el tiempo que ha pasado, las horas y las canciones de The Cure que no paro de escuchar, sigo pensando en él y quiero que siga así. Que no me atrevo a hablarle porque no quiero que se entere de que me estoy pasando todos los rollos que no debí pasarme, esos rollos que dije que no me pasaría.

¿Cómo le explico al único niño que me ha gustado y que me ha pescado que no puedo hacer como que esto pasó y pasó y listo? Ahora siento que me estoy volviendo a enfriar y está bien. Si después de todo me tengo que volver a encerrar en los mismos sentimientos, tengo que volver a entender que así funcionan estas cosas en mi vida, y que está bien. No hay nada que pueda cambiar. Tampoco sé si quiero algo más, si quiero algo serio o si quiero que esto pase a mayores, si quiero otro beso u otra vez acostarme y prometer no pasarme rollos. Si quiero pololear o si quiero no volver a verlo. La suerte jugó a mi favor un par de horas. Me sentí bien un par de días, pero después volví a lo mismo. Ya no tengo corazón que aguante.

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