Escrito por Anónimo

Antes que todo debo reconocer que encuentro un poco siútico el término, pero al mismo tiempo creo que ninguna palabra en español le hace mucha justicia, lo que más se acerca es “flechazo de internet”, ven, suena como el hoyo. Bueno da lo mismo, esta es mi historia.

Reconozco que suelo tener internet crushes todos los días. Reviso la lupita del Instagram y de nueve selfies me enamoro de tres, pero se me pasa al día siguiente. Sin embargo, hay un crush al cuál lo tengo guardado en mi corazón hasta el día de hoy. No me acuerdo quién siguió a quién primero porque fue hace mucho tiempo. Yo le ponía me gusta a todas sus fotitos, no sólo a sus selfies, porque yo creo que los crush van más allá de lo físico. Ella también le ponía me gusta a mis fotos, pero no a todas, había una especie de patrón que dentro de mi paranoia creía que era habitual, una sí y otra no.

Jamás hablé con ella durante ese tiempo porque tampoco quería hacerlo, según mi psicopateo había un grado de separación entre nosotros que eventualmente se podía concretar, eso era lo que mantenía mi esperanza, mientras tanto sólo nos poníamos me gusta, y pucha que me gustaba cuando mi celular me avisaba que había recibido un like suyo. Luego del Instagram, nos seguimos en Twitter, ahí lo que yo creía era coqueteo continuó, pero siempre de forma discreta. Uno que otro fav, uno que otro reply, más nada. Éramos dos desconocidos de la era internet, ella me gustaba a mí, pero yo no sabía si yo a ella.

Un día, justo un día en que estaba más o menos depre y con el autoestima baja porque había terminado hace un tiempo y el intento de volver no había funcionado, mi crush me mandó un DM (Mensaje directo). El DM del destino, creía yo. Me felicitó por un trabajo que había visto en internet que era mío. En mi mente ilusa y romanticona pensé: “wow, me contactó ella, le intereso, es el inicio de un matrimonio”. Le respondí el DM al día siguiente para darme color, una técnica que por cierto encuentro increíblemente sacohuea, pero en fin, todos tenemos un grado de darnos color. Empezamos a hablar por DM, nos preguntamos lo más básico de cuando alguien conoce a gente por internet, todas esas preguntas y respuesta antecedidas por un “jajajajaj” de nerviosismo, al menos de mi parte.

Los mensajes directos continuaron un par de días y yo de apurete ya quería dar el siguiente paso: juntarnos, así que nos agregamos a Facebook. Ella me advirtió enseguida que no lo usaba mucho, y lamentablemente era cierto. Comenzamos a hablar cada vez con menos frecuencia, yo creo que no fui lo suficientemente interesante para ella, en mi nerviosismo de parecer cool y de querer ser entretenido al mismo tiempo fui perdiendo chispeza. Comenzó ese momento en que sólo uno inicia las conversaciones, mentiría si dijera que ella fue descortés o cortante, jamás, de hecho todo lo contrario, a pesar de que yo siempre iniciaba las conversaciones ella me respondía con mucho entusiasmo. Los días pasaron y cada vez veía más lejos la posibilidad de juntarnos, así que un día bastante borracho y cuando el celular se convierte en una verdadera bomba de tiempo en tus manos, le propuse que nos viéramos, ojalá pronto.

Quería saber qué onda, sacarme el cacho luego, si me iban a rechazar que fuera en persona. Quería demostrarle todo mi desplante, mi rapidez mental y mi repertorio de chistes cortos en vivo y en directo. Ella aceptó, sin quejas aceptó. El mensaje me llegó encañao al día siguiente y fue un verdadero bálsamo en esa horrible caña moral. La cita ocurrió un par de días después, recuerdo que hacía mucho calor, y yo de nervios estaba sudando más de lo normal en el viaje. Menos mal se demoró en llegar porque pude ponerme a la sombrita, secarme y relajarme. Nos juntamos en el teatro de la Chile, obvio. Cuando la vi llegar de lejos lo primero que se me vino a la mente fue “chucha, es más alta que yo”, yo no soy un petiso pero tampoco soy Pancho Melo, creo tener estatura promedio, todo eso pasó muy rápido porque de repente ya estaba parándome a saludarla y no era más alta que yo, tal vez de nervios y ansias la vi deformada a la distancia, como en el desierto cuando hace calor.

Filo, nos saludamos y nos fuimos a Bellavista, aún no entrábamos en la confianza suficiente así que aprovechamos de que el tema de conversación fuera la elección del lugar donde tomar. Yo me considero un experto en Bellavista en cuanto a cerveza se refiere, conozco los sucuchos más rancios y baratos donde puedes quedar como zapato sin tener que gastar tanta plata, pero ella era un angelito, no la podía llevar a un bar de cerveza aguachenta y baños cagados, así que nos pusimos en un local piola, el precio de la cerveza era un poco más alto que el promedio pero daba lo mismo, nos sentamos afuera para poder fumar.

Empezamos a tomar y a fumar y ahí nos empezamos a soltar más, nos caímos mejor de lo que yo creía de hecho, teníamos hartas cosas en común y otras no tanto pero en general, se había generado un buen ambiente. Nos empezamos a curar y me acuerdo que empezamos a hablar de Will Ferrell, que a los dos nos gustaba mucho y habíamos visto la mayoría de sus películas. Sentí que nos emocionamos al hablar y que ya habíamos encontrado nuestra mayor conexión, pero eso fue todo, desde este punto en adelante, todo se empieza a acabar.

Le dije que iba al baño, oriné, me lavé las manos, volví y estaba revisando su celular, le dije ¿pidamos otra? Me dijo que no porque ya se sentía muy curada y se tenía que ir, ningún problema por mi parte porque también tenía otros planes, pero me hubiera gustado tomarme una pilsen más con ella. Filo, pagamos, nos fuimos caminando hacia el metro y yo sentía que la habíamos pasado muy bien y que podría darse otro encuentro otro día. Le dije que un amigo tenía una tocata al día siguiente y que si quería ir, me dijo que no podía, pero con ese tono de mentira que pasa por amabilidad. Comprendí. Yo ya me daba por pagado, la había pasado bien y sentía que ella también así que si no nos íbamos a ver más, al menos había valido la pena.

Subimos juntos al metro pasados a copete, ella se bajó en Los Héroes si no me equivoco, yo seguí de largo. Me dio risa que su despedida fuera tan rápida, onda, no había terminado de decirle chao y ella ya me había dado un beso-mejilla de despedida, me tinca que pensó que yo le iba a correr la cara o que me iba a tirar y de verdad no tenía ninguna intención de hacerlo, yo sé leer súper bien cuando las cosas funcionan y cuando no, además igual en el metro me daría vergüenza hacer algo así, en fin, se despidió rápido de mi y se bajó del metro. Yo seguí de largo.

Horas más tarde le mandé un Whatsapp para saber cómo había llegado, me dijo que seguía ebria y que la había pasado bien, quedamos en juntarnos otra vez, y lo hicimos pero muchos meses después.

Nos juntamos de nuevo para ir a ver algo al GAM, y cuando llegamos las entradas estaban agotadas, así que fuimos a tomar. Luego de eso la acompañé a la micro y nunca más nos juntamos. Nos topamos tiempo después en la calle y fue un saludo muy fugaz. A veces, muuuy a veces hablamos porque igual quedamos de amigos, nos caemos bien y nos seguimos en casi todas las redes sociales. Sé que sigue estudiando y que se cambió de casa, más de eso nada.

Si ella lee esto y hace conexión con un suceso similar, que sepa que sigue siendo mi eterno crush de internet y que perdón por siempre invitarla a tomar a lugares como el hoyo.

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