Escrito por Anónimo / Ilustración por Anahí V.

Nos conocimos en una disco, en el último carrete de la mejor disco de Conce. Me dijo: “Flaca, me dai un cigarro” (Si, el colmo del cliché, pero me gustó), le di un pucho sin siquiera mirar y seguí escuchando una banda sola porque me creía demasiado bacán para compartir con alguien más.

Yo creo que por mi forma tan diva-weona de ser, me dijo al rato: “¿Querís bailar?” (Tiempo después aseguraría que lo tenía todo planeado desde el principio, pero nunca le creí). Bailamos. Nos fuimos en su auto con rumbo a un after. Estaba cerrado. Conversamos horas en su auto, hasta que salió el sol.

Nos fuimos a un motel y tiramos, tiramos bacán. Me dijo: “Me tengo que ir, mi papá me está llamando” (Mentira. Al tiempo después descubriría que era su mina). Me fue a dejar y me preguntó si nos volveríamos a ver. Dije que sí, pero pensaba que no. Lo ignoré hasta que me sentí aburrida y le envié un mensaje. Me llamó altiro, pero ya me había dado flojera salir.

Nos juntamos otro día en Conce, agarramos y dijimos somos pololos, yo no lo creí, pero él sí.

“Pololeamos” unos meses, nunca lo tomé en serio.

Pololeamos en serio algunos años, pero nunca lo tomé en serio…

Hace tiempo ya no me mira como antes y descubrí lo mucho que me había enamorado de esa mirada.

Hace una semana me dijo: “Ya no estoy seguro”…

Ahora solo quiero retroceder el tiempo.

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