¡Cuando pienso en amor pienso en masturbación!

Por Kruskaya Hidalgo Cordero

Porque el feminismo me ha enseñado a abrazarme, quererme y respetarme. Porque mi mejor amante soy yo y en la autogestión encuentro liberación. Porque el placer nos ha sido negado a las mujeres por siglos, y yo me reconozco heredera de todas esas brujas que enseñaban a otras mujeres a gozar. Porque somos multiorgásmicas y nuestros úteros, nuestras cuerpas, nuestras almas demandan placer. Así, para amar, me amo a mi misma, me descubro y me acojo en cada gemido.

Así, construyo feminismo, navegándome salvaje y deseosa, encontrándome plena e instintiva. Así, pienso en masturbación al pensar en amor, pienso en autogestión al pensar en feminismo. Así, siendo mi cuerpo un campo de batalla para el patriarcado, yo lucho esta guerra feminicida revalorizando mi capacidad multiorgásmica y me redescubro hacedora de mis placeres y suspiros.

Esta cuerpa soberana les narrará una de esas mañanas donde me despierto
amándome. Porque la masturbación femenina es un ritual de profundo amor con
el que vamos tejiendo feminismos con cada gemido. El texto que les presento a
continuación es un relato poético erótico que lo escribí en noviembre 2016 para
una tertulia de cuentos eróticos. Una historia, en una hoja de papel escrita a
lápiz, que hoy la encuentro en completa resonancia con “Amor y Feminismos”.

 

Entre sueños siento el calor en la cama

Ese calor que envuelve, que atrapa, que excita.
El cuerpo reacciona, se mueve, despierta.
Los pies se tocan, se abrazan, se besan.
Las piernas bailan, se frotan, desbordan.
La intensidad aumenta y la respiración se altera.

Mi mano baja, se desliza, navega.
Primero el cuello, el pecho, los senos.
Topo mis senos, siento su forma, los aprieto.
El vientre, el ombligo, el abdomen.
Bajo, LEN…TA…MENTE,
la espera se acentúa, ¡ya estoy húmeda!
El placer recorre todo el cuerpo,

monopoliza los sentidos, domina el cerebro, difumina las ideas.
Los dedos de mi mano están a unos milímetros de la comisura de mis labios.

Éxtasis, adrenalina, lujuria. ¡Y llegan, al fin llegan!
Acaricio mi clítoris, una y otra vez. ¡Lo froto!
No es un suspiro, aliento en seco, ¡un gemido!
Siento mi vulva, la recorro, la descubro, la amo
Estoy hinchada, abierta, mojada.
¡Ah, otro gemido!

Boca abajo, cara contra la almohada,
mis dientes se aferran, se incrustan, muerden.

¡Soy una fiera!

Respiración ahogada, sudor, tiemblo.
No veo, pierdo la noción del tiempo, ¡me entrego!
Entre sueños siento el calor en la cama
Ese calor que envuelve, que atrapa, que excita.
El cuerpo reacciona, se mueve, despierta.
Y el corazón me pide placer primero.

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