Por RR.

Me encontré una noche llorando como si no hubiese mañana a pesar de que sí existía y que traía consigo una prueba importante. Me vi tirada en el suelo de mi pieza, recibiendo el calor de los brazos de mi primo, escuchando como me decía una y otra vez que tenía que salir de ahí.

Me vi otras veces llorando mirando el mar en Viña, sintiendo la brisa de esa ciudad tan bonita que alberga tanto bueno pero que trajo consigo también un montón de daño mientras leía una y otra vez los mensajes de mis amigas que desde la distancia me pedían que por favor pensara en mí y dejara atrás esa relación que tantas cosas me quitó.

Me vi llorando infinidad de veces, tantas que no puedo contarlas ni recordarlas por el mismo motivo, sentí ese miedo horrible de que cosas peores pudieran pasar y me vi a mi misma rompiendo la barrera del respeto que me había puesto. Revisando celulares, espiando la vida y encontrando una y otra vez cosas que rompieron mi corazón. Tras cada letra o foto que encontré de mala forma sentí como todo eso que tanto me había costado construir se iba al suelo, como mi ego se derrumbaba y la ansiedad y los temores llenaban los espacios vacíos, como los cuestionamientos de si era o no suficiente para quien me hacía daño aparecían en las noches y me envolvían en los insomnios más dolorosos que he tenido en 22 años.

Pero salí, y en esa ardua salida llena de tropiezos y vueltas hacía atrás descubrí que soy más que todo eso y que esos pedazos que sentí me quitaron, solo una persona podía devolverlos y esa era yo. Camine sola por la playa en las mañanas y por primera vez en mi vida me tumbé bajo el sol con mi propia compañía, abracé mis miedos y me acosté después de un baño de tina a llorar todo lo que me faltaba, a abrazar el dolor y dejar ir el miedo, a entender que la compañía no es necesaria cuando no suma y a que el amor no trae consigo dolor, al contrario, lo espanta.

Caídas he tenido un montón y en ellas he encontrado espacios aún más profundos, he tenido que esparcir lágrimas para evitar cosas y he tenido que decir “no” una y otra vez mientras el corazón me palpita al mil y sus manos me tocan y sus labios me recorren escuchando mis súplicas y ruegos de “por favor, no quiero”. Caí en cuenta, después de mucho dolor de que eso no es amor y entendí -por fin-, que el amarse desde el dolor también cuenta.

Estoy escribiendo mi propia historia de amor y trata de conectar conmigo, de retomar esas cositas que dejé de lado por una relación que me alejó de mi propia felicidad, estoy luchando día a día por volver a construirme y permitir que los fantasmas se vayan lejos, por ayudar a toda compañera que necesite lo mismo que yo y por acompañarme y acompañarnos las unas a las otras en ese proceso tan bonito de encontrarnos y entender que nuestro amor es todo lo que necesitamos para ser felices, que el de los demás no es necesario, pero es bello y podemos escoger vivirlo, o dejarlo ir cuando ya no nos haga bien.

 

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