Por Camila

¿Piensas en mí? O sea, ¿sientes aún por mí? ¿De verdad ya me olvidaste? Yo siento aún por ti. La verdad jamás espere vivir sin ti. O que me fuese tan difícil. Cuando en esa banca nos dimos el primer beso, y se te salió un «te amo» tres veces, jamás pensé que todo acabaría. Aún siento tus brazos abrazándome mientras duermo, a veces caminando es como que volviese a sentir tu olor. Vuelvo a ver tus ojos. Vuelvo a ti, vuelvo a nosotros, a nuestros paseos, a nuestra besos, a tu casa comprándonos helado de chocolate en el camino. Ya no se puede.

¿Fue real? Cinco años juntos. Un día me dijiste que te gustaba alguien más, que querías un tiempo. Yo sabía que esa chica gustaba de ti. Creo que tú también lo sabías. Creo que te gustaba gustarle. Le recibiste las invitaciones. Querías tiempo, no querías terminar, me amabas. Yo no podía con eso. Terminamos y no me volverás a ver. Llorabas por teléfono, me pediste vernos. No. Una semana después te pedí vernos. Nos vemos, qué alivio mirarte nuevamente. Te pregunto si había pasado algo con ella, “de seguro que no” pienso. Si pasó. Es más, tú lo buscaste, le decías que la querías. Te pregunto por qué, me dices que no es profundo, que solo te gusta, que tú le dices eso a todos tus amigos. Ahora que lo pienso, ¿Cómo pudiste ser tan cruel con ambas?. Tres meses, volvemos. Ya no es lo mismo. Por alguna razón no quiero tocarte. Tengo pena, solo quiero amarte. Me prometiste que no serías más amigo de ella, por el bien de los tres. Encuentro cosas, me mentiste. Ya no quiero que me toques. Solo quiero amarte. Quiero que lo hagamos, me pongo extraña, no te digo nada pero tengo pena. Salimos, me tratas como siempre. Ya no te creo. Te voy a acompañar a tu casa, estamos solos. Todo es muy rico, estamos juntos como antes, dormimos hasta tarde. Me voy a mi casa al otro día, abro Instagram. Sales con ella. Ya no quiero más esto. Te pido explicaciones, una y otra vez, te pido cosas que no me das. Me angustio, ¿por qué me tratas así? Me doy cuenta de cosas, veo que siempre ha sido así. Me molesta tu indiferencia, tu desprecio, tu poco tiempo. Me contestas mal, me enojo por eso y me miras sorprendido. “Yo estoy siendo como siempre he sido”. Ya no quiero que me toques. Te amo tanto. Siempre he sido tan leal contigo, me haces sentir tonta.  Ya no sé qué hacer. Voy a tu casa, con suerte me miras, siento que todos se dan cuenta. Pero es cierto, siempre has sido así. Te pido vernos un miércoles. Pareces no entender que quiero hacer. Te doy la última oportunidad, “confía en mí, tu mismo me lo has dicho, sabes que no te portas bien conmigo. Anda a un psicólogo, ábrete conmigo, yo te apoyo. Siempre estoy aquí”. Solo te escucho decir cosas, cosas que ya escuché tantas veces. Te miro y no se que hago ahí, por qué sigo esperando. Ya basta. Esto llega hasta acá, no puedo más. Te veo bajando la escalera del metro, quiero correr a ti y decirte que no importa, que te amo y que quiero estar contigo. Me voy.

Ya van dos meses. Aún te amo. Me cuestiono tanto lo nuestro. Al principio creí que tú habías cambiado, la u te cambio, la gente de ahí. Si, algo de eso es cierto. Pero no, yo cambié. Tantas veces que pase lo mismo, tantas señales que me advertían cómo eras. Tantas veces que vi como te gustaba jotearte a otras chicas, o que te gustaba gustarles. Tantas veces que me contestabas mal, que me hacías rogarte por vernos, que me ignorabas. Es raro porque siempre me di cuenta de estas cosas cuando las veía en los demás. Date cuenta amiga. Date cuenta Camila. ¿Cómo no me di cuenta? Doy una clase de feminismo a mis niñas. No me importa tanto los conceptos o las fechas, solo quiero que sepan que ellas cuentan, que cómo se sienten vale, quiero que sepan que la primera lealtad es con ellas, que ellas son su primer gran amor. ¿Cómo andamos por casa? me pregunto.

A las dos semanas ya andabas con esta chica. ¿Cómo dos mujeres inteligentes y lindas podemos ser tan burras y aguantar tanto por un hombre?. Pienso en ella, y cuánto la humillaste. Ya no hay vuelta atrás. Te echo de menos, te amo aún, no lo niego, pero ya no igual. Darme cuenta que siempre pensaste sólo en ti, que nunca empatizaste con alguien más que contigo, que nunca pensaste lo difícil que fue para mí dejarte, volver a amarte, y tener que dejarte de nuevo. Lo pudrió. Yo no quiero morirme de amor, me lo prometo una y otra vez cuando te extraño. Yo no voy a morirme de amor. No de nuevo.

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