Escrito por B.

Yo lo miro, lo miro siempre pero él no se da cuenta.

Lo miré muchas veces, desde que supe que existía, cuando a veces cruzábamos miradas en el pasillo y él con sus ojos profundos me observaba sin decir hola ni nada, solo avanzando por mi lado. Cuando se sentaba delante mío y no notaba mi presencia.

La primera vez que estuvimos cerca fue en carrete. Entre la multitud, mi brazo pasó a rozar el suyo, como cuando el cuerpo busca inconscientemente acercarse a la persona que te gusta. En ese mismo carrete hablamos por primera vez. Conversaciones cortas, interrumpidas por los demás. Cuando me despedí me dio un abrazo.

Al otro día, una notificación suya de instagram. Y así, comentando mis historias y yo las suyas, pasaron los días. El otro día soñé con él y a la mañana siguiente me lo encontré. Y cada vez que lo veo lo miro, lo miro y no se da cuenta. No se da cuenta de que quiero que se acerque, que me hable, que los corazones que le pone a mis stories lleguen al mundo real.

Que podemos fumar uno de sus cigarros juntos y terminar la conversación interrumpida el día que nos conocimos. Que quiero contarle más cosas de mis gatos y saber más de sus perros. Que no sé cómo actuar cuando viene hacia mi, porque mientras intento hacer que no importa y que eres uno más en el pasillo, mi guata explota en mil pedazos. Que sepa que cuando me mira, mis ojos lo esquivan solo por el hecho de que no se note que busco mirarlo y volver a rozar sin querer, mi brazo con el suyo.

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