Luz de neón, pienso en ti

Escrito por Lucila

Tu rareza me gustó. Nos gustamos. Dijimos e hicimos cosas de gente que se ama con ingenuidad, con ganas de darlo todo. O eso creí yo. Y aunque nunca pude descifrarte, me perdí en la calidez de tus canas juveniles, en las ojeras marcadas por el café y en tus chalecos gigantes.

Fuimos compañeros. Te sorprendiste con mi capacidad para dormir hasta tarde, me llevaste en brazos cuando me tomé tu copete y el mío. Conocí a tus perros y tus rincones, me escuchaste cantar y te quise más cuando me dijiste que el Corazones era el mejor disco de Los Prisioneros.

Te robaste mis horas despierta y de sueño. Nunca opuse resistencia, porque era mejor caminar de madrugada, compartir audífonos, envolverme en tus palabras poco precisas y en tus ganas de vernos que encerrarme en mi.

Fuimos un amor de invierno.

De esos abrigados, con encuentros en el frío, con mi manos siempre heladas, con siestas en las que dormí más que tú.

Y supongo que como todo lo que se derrite con el sol, tus ganas también se derritieron y me dejaron a mi en el frío, sin chalecos abrigadores y una lista gigante de canciones para olvidar.

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