Por casualidad un viernes en la tarde

Escrito por Caramalenta

Las posibilidades de encontrarse con la persona que a uno le gusta cuando ambos viven en la misma comuna son infinitas. Según esa lógica, el hecho de haberme encontrado con él una tarde de viernes no era una rareza. Pero sí fue una rareza lo que siguió.

Pensé en él después de verlo. Soñé con él esa misma noche. Decidí agregarlo a Facebook sin muchas esperanzas. ¿Cómo me iba a recordar si sólo habíamos compartido un par de horas fumando marihuana con un amigo en común al que yo ni siquiera había vuelto a ver? Contra mi lógica, me aceptó de todas formas. Pasé tres días intentando hablarle y cerrando el chat sin demasiada esperanza. Una mañana abrí el chat e hice el ejercicio de escribir y borrar mi hola cuando él me habló. Intercambiamos números y seguimos conversando por Whatsapp.

De ahí, cada vez que yo intentaba hablarle me seguía invadiendo el miedo. Por algún motivo, cada vez que me metía al chat e intentaba hablarle él me hablaba, casi como si lo hubiese estado llamando con la mente. Una noche en la que había escuchado demasiado mi playlist de temas tristes terminé llorando de frustración. El último tipo con el que había andado dejó de hablarme después de que nos acostamos, y mis nuevos/viejos sentimientos por mi nuevo amigo me estaban abrumando. En mi tristeza lloré pidiendo una señal de que las cosas podían resultar, de que no estaba tan sola, de que él pensaba en mi. Y dicho eso, a las 3 de la mañana en punto, mi amigo me habló. Esa era la señal.

Nos juntamos un par de días después, y aunque nada pasó entre nosotros sí hubo química en el aire. Lo observaba disimuladamente mientras me hablaba de la música que le gustaba y las cosas que le pasaban. Meses antes había deseado hablarle, y lo dí todo por perdido una vez que dejamos de vernos. Ahora estábamos ahí, él y yo, conversando y compartiendo un paquete de Halls que nos dejó la boca dormida. Todo se dio de una forma extraña, particular.

No sé qué vaya a pasar entre él y yo, y no sé si esas casualidades del destino se seguirán dando, pero es increíble lo que puede pasar cuando uno no busca las cosas. Un día estaba en una plaza pensando en qué sería de él, y ahora nos intercambiamos audios a las dos de la mañana y hacemos planes para volarnos escuchando a Pink Floyd. Lo más increíble de todo es que nada de eso se hubiese dado si no lo hubiese visto por casualidad un viernes en la tarde.

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