Escrito por La Colorina

Ahora que veo esta historia desde la lejanía del paso de los años, veo todo claro. Ahora, pero en ese entonces todo era difuso y complejo. Hoy, ya con casi 30 años, comprendo el origen de esta historia.

Desde pequeña fui objeto de violencia física y psicológica, lo que decantó en una autoestima muy baja. Desde muy temprana edad me sentía fea, gorda, sin ningún atributo destacable en mi persona, por lo que necesitaba constantemente validarme a través del reconocimiento de otros/otras, especialmente en las relaciones.

Cuando tenía 18 años aproximadamente apareció él, quien removió todo, que vio en mí lo que ni siquiera yo sabía que existía: ternura, amor, compañerismo, etc. Para mí todo empezó sin mucha expectativa, ya estábamos en cuarto medio y como vivíamos en provincia, debíamos partir a ciudades más grandes, donde habían universidades, pero todo se volvió más serio, nos quedamos en la misma ciudad y comenzamos un relación de “grandes”. Pasábamos los días estudiando, yendo a la casa del otro, compartiendo las cosas simples de un amor juvenil. En esos años me envolvió una esfera de amor romántico, tipo Disney; pensé ingenuamente que él estaría siempre a mi lado, lo veía tan leal y fiel. Él para mi estaba en un gran pedestal, inalcanzable.

Un día, lo recuerdo muy bien, en nuestro aniversario, se mostró muy callado, distraído, sin mucho interés me entregó un regalo, eran flores, algo marchitas la verdad, me dijo sin anestesia que quería terminar conmigo, la razón: Ya no me amaba. Me pidió en ese momento que me fuera de su casa. No comprendí bien, cómo había pasado esto ¿Qué había hecho mal?, lo comprendí a los días después, cuando ese pedestal y esa idea de compañerismo se diluyeron por completo. Él me había mentido y engañado innumerables veces, varixs lo sabían, yo no me había dado cuenta. En ese momento me sentí quebrada y humillada.

Al tiempo después él se acercó, yo lo escuché y comenzó un espiral de retornos en la relación, quiebres y recaídas. Ahora entiendo, él ya no me amaba, sino que tenía el deseo de usarme, mientras yo estaba cegada de amor, pensando que él me quería. Sentía que nadie me iba a amar, porque no lo merecía, por esta razón yo debía estar con él, ya que él había sido el único que me había visto y me había valorado.

Recuerdo en aquella época las mañanas, al despertar, ese dolor en el pecho, el nudo constante en la garganta y el desgano generalizado en mi vida. A partir de ese momento me relacioné con hombres que derechamente me dañaron, creo que la explicación a todo esto fue indudablemente mi falta de amor y valoración propia, sentía tanto rechazo por mí misma, que no quise estar sola en ningún momento, se hicieron habituales en mi cotidiano las fiestas, el copete, los cigarros y los amigos/amigas de carrete.

Un día, sin darme cuenta -ya casi dos años después de la ruptura y el retorno constante de él- me di cuenta que había empezado a disfrutar de mi compañía, de mis pensamientos, de mis hobbies; ya no necesitaba estar en medio de un bar o una discoteque rodeada de amigxs y copete para no escuchar mis pensamientos y obviar mis sentimientos. Les estaba haciendo frente a lo que sentía. En ese momento me di cuenta que podía ser feliz individualmente, no necesitaba de un hombre, ni de nadie más para validarme, no necesitaba a nadie que me dijera que era hermosa, simpática e inteligente, porque eso yo ya lo sabía, y me había dado cuenta en ese momento.

Comenzaba en ese momento un bello proceso de amor propio, donde yo era la protagonista. Nadie más.

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