Escrito por Resiliencia

No sé cómo expresar la tristeza que me produje hace algún tiempo; estuve haciéndome daño y no fue un daño físico de esos que puedes ver la cicatriz o taparla si prefieres para olvidar. No necesité flagelarme o lesionarme, lo hice de otra manera (de la peor manera), me dejé de querer, de respetar, de admirar, no creía que merecía ser feliz porque cometí muchos errores.

He de confesar que todo parte desde antes, parte de mí y de mi soledad; no quería sentirme sola, aunque durante estos años lo estuve; pero esa soledad no me daba miedo no me generaba angustia ni desconsuelo; sin embargo, esa “nueva soledad” no la quería.

Me pasaron cosas dolorosas para las cuales no estaba preparada. Me sentía sola entre un mar de gente, sentía una lucha interna por dejar de ser yo y ser alguien más acorde con el medio y al mismo tiempo no me sentía comprendida. Duele ver como gente a la que consideramos no nos consideran. ¿Entonces por qué los consideras tú? Tenía ceguera selectiva.

La situación se tornó peor porque lo que parecía una oportunidad para convivir con una persona que me conoce desde antes de mi existencia, se volvió en una triste experiencia. Yo creía realmente que esta persona me iba a ayudar a ver un mundo diferente, que se convertiría en mi compinche de viajes y aventuras; pero estaba tan ensimismada y con tantos “miedos” de vivir, que todo se ensombreció y terminó siendo un dolor tan grande, de los que te producen un nudo en la garganta con salida de lágrimas, pero sin poder gritarlo. Me desgarró tanto que no podía mostrar mi voz. Sólo pensaba que la consideración que decía tenerme le permitiría darse cuenta que me estaba produciendo mucho daño, pero no sucedió me quedé esperando una actitud diferente, un abrazo fraternal, una palabra de apoyo.

¿Cómo no te derrumbas? ¿Cómo no flaquear frente a ese panorama? ¿Cómo mantener la compostura? ¿Cómo no dije basta? Si estás clara de lo que eres y de cuánto vales, no flaqueas ni te derrumbas a pesar de que sean las mismas personas que antes te aplaudían las que ahora te pifién.

Entonces mi reacción ingenua e inmadura fue buscar un refugio. El amor (en todas sus formas), a veces es un refugio, pero a veces se vuelve una tortura y en lugar de aliviar o mitigar la pena te hunde más profundamente.

Buscando lo que no se me había perdido lo encontré; Entonces apareció Él, fue un escape ante la angustia y la soledad que sentía (esa soledad que antes me gustaba) y en pocos meses dejé que esa historia mal desarrollada entre un hombre y una mujer; sin pies ni cabezas fuera mi motivación para no afrontar mis problemas. El sentimiento que eso me generaba, ese juego de tira y hala era adrenalínico me entusiasmaba y creo que hasta cierto punto a él también, pero yo esperaba algo más de él.

El error fue tratar de buscar la felicidad junto a alguien que ya tenía otra persona con quien era feliz; hasta ahí era lógico que todo saliera mal. El problema real se suscitó cuando él dejó de estar acompañado, y aún así no quería mi compañía, pensé que necesitaba vivir su duelo, su pérdida, pero no era eso; realmente él no sentía nada por mí.

Decía algo y luego se contradecía, yo me confundia porque pensaba que él estaba indeciso, confuso, porque le pasaban cosas conmigo, pero había pasado muy poco tiempo de haber terminado esa larga relación.

Me di cuenta que le gustaba lo que sucedía entre nosotros, le gustaba tontear, pero sobretodo desligarse cuando las cosas se ponían tensas y dejarme a mí la responsabilidad; poco después de eso se retractaba y surgía la frase “lo siento” (cuantos “lo siento” desperdiciaste conmigo); quería quedar bien con Dios y con el diablo.

Lo irónico de todo es que alguna vez hablé con él de esa actitud tan extraña de siempre “querer quedar bien”, llegando al punto de sonar falso e hipócrita. Pensé: “pobre como lo estoy juzgando tan mal”, pero el tiempo, sus acciones y palabras me dieron la razón.

En una ocasión me dijo: «¿Qué es lo que estás buscando?, porque si yo cedo tú vas a querer algo a cambio”. Y si, yo quería algo a cambio, quería volver encontrar a esa chico amable, agradable y empático que conocí; añoraba a esa persona que me hacía reír por sus comentarios o sus malos chistes; pero esa persona nunca volvió, no entendía qué había ocurrido.

Realmente si lo miro en retrospectiva nunca hizo nada por demostrar que le interesaba peor aún que le importara como amiga siquiera, estaba tan ciega que cuando por fin empezó a ser sincero no pude soportarlo, ya era tarde. Atiné a medio decir lo que yo quería, le dije: “para mi es más importante el contenido de un envase que su aspecto » y él respondió: “es mejor siempre el aspecto que el contenido”. Estamos clar@s que mi envase para él era muy atractivo, lo dijo, pero yo no quería ser un envase bonito, quería ser esa persona que está más allá del envase; y me desmoralice no comprendí en ese momento que era su percepción; él no me conocía no sabía quién era yo y lo más triste fue darme que nunca haría nada por conocerme.

Tome fuerzas y le dije todo lo que me pasaba en relación a él y como me sentía; él dijo “lo siento” (su falso lo siento), poco después lo volví a buscar y él dijo “todo está zanjado entre nosotros”. Me alejé, pero yo quería que seamos amigos, en el fondo extrañaba a ese otro chico.

Pasado un tiempo quise volver a conversar con él, como amigos, pero sólo conseguí una actitud soberbia y egocéntrica. De esas últimas palabras que escribió dos cosas me lastimaron: que nuevamente dejara en mi el peso de la situación (no cortara el hilo) y por supuesto ese “lo siento” innecesario. Era como si me estuviera haciendo un favor en contestarme. Confundió las cosas, yo estaba siendo amable, empatizando de forma real y verdadera y él se comportó muy desagradable conmigo. ¿Era necesario hacerme eso? NO, no lo era.

Entendí que esa actitud agradable, siempre estuvo condicionada a otras cosas que él buscaba, sexo por ejemplo, y como no cedi ya no le servía; por tanto, ya no tenía que ser ese “chico amable”. Cuando dejas de idealizar a alguien y ves lo que realmente es, tienes la sensación de haber sido estafad@.

Gracias a Dios el tiempo lo cura todo, estuve mal mucho tiempo, aparentando que no, pero sintiéndome muy triste. Debió pasar mucha agua debajo de ese puente para comprender que no nos entendimos, que no nos creímos, que no nos escuchamos, que no estuvimos en el tiempo correcto ni en el lugar adecuado. Entonces ¿Para qué nos cruzamos; para herirnos? Pues NO, nos cruzamos para aprender y crecer y eso sí que te lo agradezco.

Me dolióí y mucho de eso no tengo duda, porque bajo mi perspectiva lo había dado todo y esperaba en la misma cantidad e intensidad, y ese fue el error; lo importante es dar sin limitación y sin querer recompensas; si te lastiman simplemente vuelve a tu sendero, sigue tu camino porque si algo no te suma, de seguro te restará y hay que evitar que nos dejen en negativo.

Entender eso me ha permitido perdonarme, perdonarte, expiarnos y seguir. No arrepentirme de haberte dado mi tiempo, ni mi corazón porque mi corazón es tan grande que podrá seguir, se volverá a llenar recordando a todas esas personas que me han amado en muchas formas y por las cuales soy lo que soy, así seguiré dando todo mi afecto, pero ya aprendiendo la lección dar sin esperar nada a cambio y con cautela porque el corazón es traicionero.

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