Escrito por Paly

Hoy tengo ganas de contar esta historia, porque tengo ganas de que el mundo sepa que en él aún en tiempos de tinder residen historias de amor.

Esta historia es la tuya y es la mía.
Es sobre nacer,
porque un día nacimos y no nos dimos ni cuenta.

Puedo empezar desde el principio y aunque parezca que me voy lejos voy a volver.

Si hay un elemento perturbador que pueda identificar como constante a lo largo de mi existencia es el romance. Siempre he sido una persona ridículamente romántica.
Esto viene desde que tengo noción de la vida. Me recuerdo a los cuatro años con la radio del auto de mis padres encendida a medio anochecer, suspirando ahogado, casi llorando de escuchar a Bosé que cantaba Linda.
Como si yo hubiese nacido sabiendo del dolor amoroso, del amor en algún sentido.

Perseguí el amor como pude siempre aún sin poder, besuquié a cuanto cabro chico pude mientras tenía oportunidad y sufrí a corazón abierto por no gustarle jamás a ninguno. Adolescí escribiendo cartas que jamás fuí capaz de entregar, nunca pude hablar de amor porque quizás el dolor de lo incierto era lo que me mantenía ahí. Porque a una, o al menos a mí, siempre me gustó sufrir.

En esos días me gustaba una niña que por supuesto nunca alcance (pero eso no importa) y entre el recuerdo medio borroso aparecieron las primeras luces de la historia que aún no sabía estallar.

Un álbum de fotos que había compartido una amiga sería la puerta, porque en el psicopateo tipo 2011 encontré la foto de una chica que no supe, pero me llamó su pelo corto a los 13 y esa fue la primera vez que supe que existías.

No supe tu nombre, ni lo busqué jamás. Cerré la foto y ahí quedaste en un archivo de la inconsciencia, consciente de que ahí eras.

Pasaron años de caer al vacío amoroso más de una vez y al hacer daño sin querer nació el miedo al daño irreparable, al verme frágil, a la piel, al romance y de pronto preferí los besos fugaces y el picoteo de todo un poco que pensar en alguien.

En en esa andaba una noche, la boca en sequía y el corazón no se donde.

Estimo que era octubre dos años atrás.

Estimo medio borracha y esperaba la micro en el mítico paradero de plaza italia acompañada de un par de amigos que andaban en las mismas.

Recuerdo levantar la vista y de pronto así como si nada encontrarte.

Llevabas un cortaviento azul marino grande y aunque estabas de espaldas parecías ser el niño más lindo que pudo haber pisado la faz de la tierra o al menos que el que yo había visto jamás.

No estoy exagerando.

Divisaba tu rostro de costado pero no fue hasta cuando de casualidad te diste vuelta que pude verte.

Y vi que tenías los ojos casi grises y los labios pintados de rojo.

Y eras tu po, si te había visto hace mil años en ese álbum de fotos.

Y mi corazón.

Te quedé mirando a ratos sin dejar de mirarte, intentaba desviar la mirada pero era difícil, a mis amigos no fui capaz de decirles nada, menos a ti.

Pero nos cruzamos al menos con miradas, las tuyas serias, las mías quizás cómo.

Y te subiste a la misma micro y yo me hice la desinteresada, como si estuvieses pendiente.

Y te bajaste de pronto tres cuadras antes que yo.

Y yo camine a casa suspirando como ni con Bosé ni con nada.

Pasó un verano y pasó un amor que no amé por más que quise querer.

Y volví de él como del exilio, rompiendo cadenas.

Con ansias de libertad, picoteo, más y más cuerpos.

En esa andaba una noche cuando un amigo me dijo: Bájate tinder.

Pasaron cuatro días en los que me sentía una participante de Next.

Y de manera generosa dije voy a agregar chicos a mis intereses, en una de esas quien sabe, un poco harta ya de mi lesbianismo tan prematuro.

Y me apareciste tu.

Y la micro, el paradero, la foto

Eras tú, tenías nombre.

Y Corazón.

Dos días después conectamos por la red.

Salté por toda mi pieza.

Hablamos y la ciber conexion era mucha para ser real he intenté calmarme. La ciber vida puede ser como otra dimensión, como que existe pero a la vez puede que no.

Yo: Me encantaría conocerte.
Tú: Conozcamonos.

Entonces un día de improviso me invitaste a salir y pasaste por mi a la U.

Conchetumadre dije, no podía más.

Estaba tan nerviosa que me fumé tres cigarros quizás a la espera.

Pero llegaste y fue como el aire.

Sonreímos, caminamos, hablamos y fuimos cayendo poco a poco en el pasto.

Evite mirarte tan fijo porque sabía que no habría vuelta atrás.

Y sentí que estábamos en las mismas.

Te pregunte si querías apoyar tu cabeza en mi mochila, improvisando cualquier cosa para acercarme más.

Y te apoyaste y yo también, y acto seguido el primero de nuestros besos.

La noche siguiente celebraste tu cumpleaños numero 18.
Y yo con 19 me sentía tan grande de ser tu invitada.
Bailamos, nos besamos en frente a todos, no importaba nada.
Eras la chica más linda que podía haber en toda la amplitud de definiciones, pero si a mi me preguntaban podía definirte con un sólo término.

Es un príncipe, se me escapó de la boca al hablar de ti con un amigo.
Y lo eras y hoy más que nunca.

Los días y los meses siguieron a nuestro favor.
Por más que quisiese ir con calma me fue imposible
Y te lanzaste sobre mí
Y yo sobre ti y caímos quizás donde, da lo mismo

Y un día después de tanto, tanto, tanto pero de verdad tanto que pasamos,
las inquietudes crecieron y me dijiste que ya no querías ser más chica.
Y me preguntaste si yo te querría igual si el día de mañana fueras chico
Mañana hoy cuando quieras.
Como si eso se pudiera preguntar.
Como si no me emocionara la idea de que decidieras nacer.
Como si no me pareciera tan bello que imposible de creer.
Como si yo no pensara que fueras el niño más lindo desde que te ví en el paradero.
Como si yo no conociera tus ojos, tus besos y tus manos de príncipe.
Te amo no sabes cuanto.

Yo perseguí el romance y nunca lo pude alcanzar corriendo
Pero tu llegaste a mí y me tomaste por asalto, de noche, en ese paradero sin escapatoria.
Yo pedí que fuera lento y esta vez tu corriste a mis brazos
Y yo salté de alegría porque no podía esperar más.

“Con tu cariño se puede escribir de pop durante toda la vida”
Decía un collage que diste cuando estábamos recién saliendo

Y hoy nazco contigo y no hay necesidad de hablar más allá.
Ni a los demás explicarles nada,
Más allá de lo que nací una vez por allá de mi madre,
Que si ella o él,
que si soy o no soy,
todas las canciones pop para tí y para mí.

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