Escrito por Muriel Solano

Una vez me rompieron el corazón de manera estrepitosa. Después, cuando pasó el tiempo y pude salir medianamente parada, me hice una promesa que espero no romper jamás: juré no volver a sentirme así, no cruzar los límites de mis convicciones y nunca más olvidarme de mi misma ni perder de vista que soy importante.

Hasta ahora me ha resultado bien. Yo misma (aunque sería injusto decir que fue sin ayuda) me hice “mejorarme”, y en ese proceso estar sola fue estrictamente necesario. Tan estricto y tan necesario que cuando pensé que estaba lista en verdad no lo estaba, y solo lo estuve de sorpresa, cuando menos lo pensaba.

Hace unos meses escribí “que te vuelva a gustar alguien es volver al miedo”. Es cierto. Pero entonces, si eso es así, volver a querer a alguien es volver al pánico. Aunque después de darle muchas vueltas llegué a la conclusión que en gran medida es miedo a mí misma.

Porque mientras estuve sola me intenté convencer de cien formas diferentes que estaba lista o que quería estar con alguien, y ahora que está el miedo a repetir lo de antes, a caer en viejas malas prácticas, volver a equivocarme y transgredir mis límites, esos que en algún momento tuve que reconstruir.

Creo que ser un poco más grande y el feminismo me han ayudado en esto. Entender y querer sinceramente una relación basada en el interés mutuo, en que cada uno de sus integrantes pueda crecer fuera y dentro de la relación, soltar algunos miedos y entender –aviso: voy a ser muy cliché en la frase que viene ahora- como dice la canción: que uno sólo conserva lo que no amarra.

Pero siempre hay algunas cosas que cuesta un poco más sacarse de encima, y me pregunto si sigo siendo tan inexperta en estos temas como para engañarme, o tan ciega para no poder reconocer si me quieren o no. Como si no tuviera la capacidad de ver con claridad qué pasa y a la vez fuera adicta a ponerme siempre en el peor escenario, por si acaso todo sale mal de nuevo.

En ese punto me pregunto si es porque quiero ser cuidadosa, si es porque tengo miedo, o las dos. O si es mi intuición tratando de decirme algo. Porque es cierto, que te vuelva a gustar alguien es volver al miedo, y pasarlo mal antes me entregó la capacidad de reconocer las cosas que no quiero, pero ahora también pienso que puede haberme convertido en mi peor enemiga.

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