Escrito por Anónimo

Esta no es una historia de amor propiamente tal, tampoco es una historia de fortaleza o quede alguna moraleja. Es simplemente mi historia, desde mi punto de vista, de cómo me partieron el corazón.

Fui a la exposición de fotos de una amiga, ese día estaba particularmente feliz, sin motivo. Ahí a alguien que me gustó, pero sentía que no podía hacer nada, porque venía saliendo de la relación más tormentosa que había tenido en mi vida (así lo creía hasta hace poco).

Pasaron las horas, el alcohol y más se abría el circulo. Me tocó hablar con él y solo eso bastó para encantarme. Hablamos por horas, le di mi número y al día siguiente hablamos sin importar reglas ni nada y no paramos. Todo se daba, me gustaba hablar con el, me encantó estar con el.

Sin darnos cuentas empezamos a compartir mucho, a contarnos nuestra historia y a querernos. Nunca me había sentido tan libre con alguien, miro para atrás y todavía lo siento, esa paz y comodidad, que aún creo imposible de volver a encontrar en otro lado. No tuve que fingir nada, ni siquiera esas pequeñas cosas que uno se guarda cuando está conociendo a alguien, podíamos ser y todo lo que veíamos nos gustaba.

Nos quisimos pronto, estábamos para el otro incondicionalmente, sin acuerdos, solo por el placer de la compañía que teníamos. Fueron días de papas fritas, cervezas, películas, bailes y escuchar música sin importar nada más.

No entiendo y creo que ya no importa el momento en que todo se empezó a venir abajo. Recuerdo por qué me pegaste la primera vez, me viste bailando con un chico, a todas luces gay, pero no te importó y yo te entendí, sentí que me lo merecía y lo dejé como una discusión sin sentido porque los dos habíamos tomado. De ahí en adelante no recuerdo por qué fueron las de más veces, recuerdo pequeños fragmentos, pequeñas discusiones, tratando de matar tus miedos, de hacerte entender que nunca te iba a hacer daño o de hacerte entender que nada valía la pena para llevarnos a ese momento, a discutir.

Siempre lo entendí, tanto que hice de su dolor el mío, lo ayudé a levantarse cada vez que pude, incluso cuando se equivocaba conmigo. Siempre confié y creí en el, para mi no fue estupidez, fue aceptar a alguien incluso con su lado más oscuro. Fue querer crecer y luchar porque sus demonios se fueran. Acepté cada herida mirando un futuro mejor.

Hoy, estoy aquí, con cada herida abierta, deseando que el tiempo pase para que tengan sentido.

Él simplemente me sacó de su vida, un día cualquiera, como tantas otras veces, me miró y me dijo que ya no me quería. Que no iba a pegarme esta vez, pero que por favor me fuera de su casa.

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