Escrito por Aureliana / Ilustración por Catalina Cartagena

3 am.

Acabo de ver porno hétero y soy lesbianísima.

Reviso a ver si me contestas pero no entiendo ese juego tuyo de hacerte la misteriosa. En realidad sí lo entiendo, porque tu intimidad es muy tuya y eso es lo que me gusta de ti. Nos conocemos poco pero a veces te apareces y me dejas sinceramente anonadada. Se supone que yo soy la loca psiquiátrica pero dentro de toda tu cordura se te escapan los pavos bastante más que a mí.

Me siento chica igual. Me ganas por un mes, pero a lo que voy es que siempre me sorprendes porque me das el valor que me corresponde: el de humano. Te hablo de mis prematuros títulos de filosofía de universidades internacionales rimbombantes y cuando me empiezo ahogar entre mi narcisismo y la cantidad de cosas que hablo me miras y estás en otro mundo.

No te importa quién soy, de dónde vengo ni nada. Te quedas con lo que soy y nos reímos juntas de lo absurda que puedo llegar a ser. De mi naturaleza tan humana, tan condenada a fallar. A veces te miro y no sé si será tu melena corta de niña lana. O caminas y de tu espalda veo tu tatuaje. Pero hay algo que te traspasa y no soy yo, es ella. Te ha cagado tres veces y no te ha respetado. Quizá ella igual ve tu melena, tu espalda, tu vocación que admiro, tu valentía que añoro y tu intimidad que tanto quiero proteger, sin embargo no sé, yo creo que no te quiere. Ella está en una etapa distinta a la de nosotras.

No quiero ser pañuelo de lágrimas pero como que te quiero de verdad. La última vez que las vi juntas tu caminabas taciturna traspasada por los ojos de ella que seguían tus pasos. Yo iba en una micro y que ganas de haberme bajado y de haberte protegido.

No sé qué quieres la verdad. Tengo paciencia y perseverancia y amor. Mucho amor y ojalá me des tiempo igual, al menos para conocernos y traspasarnos con cosas lindas.

Ojalá no tenga que ver más porno.

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