Escrito por Andreuz / Ilustración por Maldita Valentina

Nunca sentí que fueras mi amiga y aún así te quise. Todo el tiempo se trató únicamente de ti, quien siempre llena de problemas estaba. Mi tristeza siempre fue menor a la tuya o, en el mejor de los casos, equiparable a la de alguna de tus amigas.

No, Mariana, las comparaciones no ayudan, aunque existe una convención social de lo que significa la tristeza o la culpa, no canalizamos las emociones del mismo modo. Tus comentarios no ayudaban, al contrario, me hicieron sentir más sola. No, Mariana, hacer menos el dolor de las personas comparándolo con tu propia experiencia o la de alguien que conoces no las hace sentir menos desdichados, sólo demuestran tu egoísmo y la idea implícita de que hay tristezas que importan y otras insignificantes. Total, lo que yo sentía no era para tanto.

La última vez que nos vimos pensé que habrías cambiado, pensé que podríamos platicar y pasarla bien, pero no fue así. La discusión siempre giró en torno a ti, incluso pareció que me preguntabas sobre lo que había pasado en mi vida durante el tiempo que no nos vimos por mera cortesía, porque al final tu vida volvió a ser el tópico de la conversación.

A veces llegué a pensar que si te hacías llamar mi amiga no era porque existiera un interés genuino en nuestra relación, sino porque no soportas estar sola.

Pero aquella vez que salí contigo y las amigas que has hecho en la universidad, pensé que ya no me correspondía a mi intentar rescatarte de tus problemas emocionales y hasta me alegré de que hubieras congeniado con chicas como tú.

Por mucho tiempo no sabía cómo era posible querer a alguien que no me agradaba. Y es que te fui guardando rencor, no fui honesta contigo, nunca te dije que me molestaba tu actitud. Y así se fueron acumulando malos recuerdos y resentimientos que no me había atrevido a externar. Escribí todo en mi diario, pero nunca tuve la confianza de decírtelo, porque no sabía si cuando quisiera hacerlo me dejarías hablar, pensé que negarías todo y que tu voz sería la única escuchada.

Nunca entendí bien porque si me llamabas mejor amiga si no me trataste como tal. Tal vez lo era porque te escuchaba y me preocupaba por ti, mientras tú, al contrario, nunca correspondiste de ese modo ni mostraste interés por mí.

Si lo hiciste a propósito, te felicito, lograste hacerme sentir mal por bastante tiempo. Y si no fue así, entiendo que tuviste problemas en la adolescencia, pero eso no justifica que te hayas portado tan mierda conmigo.

No espero que respondas esta carta, tampoco quiero que intentemos ser amigas, (ahora entiendo porque otras personas te dejaron de hablar sin alguna razón aparente). Sólo es parte de un ciclo que necesito cerrar. Sé que esta carta es muy cobarde de mi parte. Llevaba tiempo intentando escribirla, no me decidía. Al final creí que era necesario hacerla para quitarme este peso de encima…

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