Los muros que cubrían su corazón parchado

Escrito por Lucifrán / Ilustración por Maldita Valentina

La Fran tiene 21 años, es súper chica aún. A pesar de eso, ya experimentó el dolor de un corazón roto. Lleva un año soltera, aunque no sabría decir si es por opción propia o por qué no se le ha dado no mas.

Cuando acabó su anterior relación sufrió ene, sufrió por todo lo que no había sufrido en su vida, lloró tanto que probablemente haya agotado la reserva de lágrimas suficiente para diez años. Se deprimió, cuestionó, engordó y odió tanto, tanto a los hombres. Yo no la juzgaría, no es para menos, le rompieron el corazón; el dolor menos tangible pero más desgarrador que se puede sentir.

Sea como sea, la Fran se recuperó. Sin proponerselo, de un día a otro se le acabaron las lagrimas y dejo de pedir que el volviera, no volvió a deprimirse ni volvió a tener pesadillas. Tampoco fue necesario seguir con las visitas a la psicóloga. Volvió a sentirse plena y volvió a vivir. Después de un siglo de sufrimiento volvió a recuperar la confianza en si misma. Y empezó a vivir como si no existiera el mañana. Después de cuatro años de asfixiante relación, la Fran necesitaba tirar la casa por la ventana, poner patas arriba aquello que era su vida. Eso si, sin enamorarse. Sin caer en esa trampa. No de nuevo por favor.

Feliz y despreocupada hizo y deshizo como quiso. Se sabía bonita y no veía impedimento en lograr lo que quería (o a quienes quería mejor dicho). Se reía cuando pensaba en ello y siempre decía que “donde ponía el ojo, ponía la bala”.

¿Por qué lo hacía? por pura diversión, porque podía, porque sin esfuerzo le salía todo como quería.

¿La hacia eso feliz? no estoy segura, pero de que lo pasaba bien, lo pasaba bien.

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Lo importante era no engancharse con nadie, nunca, nunca. Vivir el hoy solamente. El amor estaba descartado, ojalá por mucho tiempo. De repente se lo planteaba. ¿Qué pasaría si encontrara a alguien que le gustara? inmediatamente se corregía, eso no iba a pasar, ella se cuidaría muy bien de eso. No quería pensar en ninguno por más tiempo del justo y necesario. Se desensibilizó tanto como pudo en cuanto a relaciones se refiere. Podía vivir y ser feliz sin enamorarse y por supuesto, sin tener a nadie al lado. Ese era uno de sus mantras “no necesito a un hombre para ser feliz”. Y claro, si nadie necesita de otro para ser feliz o sentirse completo.

La Fran siempre pensó que las ganas de vivir la soltería le durarían mucho. Es que le enfermaba pensar siquiera en la posibilidad de verse envuelta en una relación a largo plazo. Escuchaba compromiso y arrugaba la nariz. Para qué tanto desgaste si al final todo se acaba igual? En serio, pensaba que no valía la pena dar tanto para algo que siempre tenia fecha de vencimiento. En la semana se sumergía en la U y en sus series. El fin de semana en el carrete. Así se pasaban los días, las semanas, los meses. Pero, pucha, nada es eterno. Y aunque la Fran intente mostrarse fría e indiferente, en realidad es súper sensible y puede ser súper emocional también.

Un día carreteando, vio a una pareja de amigos bailando juntos y algo se sacudió en ella. No quiso pensar en ello pero al otro día cuando despertó, la invadió una sensación de soledad, y sin saber cómo ni de donde vino tal idea, deseó haber despertado esa mañana abrazada a otro cuerpo. No supo si estaba bien o no pensar así. Pero por primera vez en mucho tiempo le dio espacio a eso que sentía. Y de paso se dio cuenta que si se había escudado en la loca idea de querer ser soltera por siempre era solo porque temía ser herida de nuevo y a sabiendas que un poco de cariño bastaba para que ella entregara su alma, prefería huir de cualquier posibilidad de caer en algo así.

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Esa mañana mientras se abrazaba a la almohada pensó que tal vez, solo tal vez, no estaba mal querer a alguien independientemente de cuánto durara. Que sí, que era cierto que ella seguiría siendo feliz sola pero que eso no quitaba que pudiera sentir ganas de estar con alguien. Al principio sintió que se traicionaba a si misma por pensar así, pero acabó reconociendo que tener un partner, un compañero, alguien que la quisiera, la acompañara , la apoyara siempre, no era un pecado.

La Fran aún no entiende que cambió para que esa mañana ella sintiera esa necesidad de amar. De amor. De sentirse especial para alguien. Y no ha parado de sentirse así. No sabe a dónde se metieron las ganas de disfrutar a concho la soltería que tenía antes. A veces se recrimina y se siente menos empoderada por querer alguien a su lado. Pero sea como sea, lo reconoce, sabe que lo quiere.

Ya pasó mucha agua bajo el puente y ya quemó las etapas que eran necesarias. sufrió, creció, maduró y vivió lo que tenía que vivir. Ahora mira con otros ojos, no está desesperada ni mucho menos pero está abierta a la posibilidad de volver a enamorarse. Ha ido derribando poco a poco todos los muros que cubrían su corazón parchado. Se siente lista. Como un ave que solo espera la ocasión para alzar el vuelo después de una larga tormenta.

Ahora sí, llegue o no llegue, su corazón está más abierto que nunca.