Escrito por Clementine / Fotografía por Fernanda

A veces -muy seguido, últimamente- me acuerdo harto de ti. Te veo al lado mío, acostado en mi cama durmiendo. Recuerdo cómo me hacías cariño en la mano, luego subías por mi brazo y finalmente llegabas a mi espalda. Yo, en cambio, prefería pasar mi mano por tu cara, tu pelo y tu cuello. Me acuerdo e inevitablemente se me dibuja una sonrisa, porque congelé ese momento para llevarlo conmigo siempre.

Te recuerdo durmiendo, y mientras, yo te miraba, porque no podía creer que estabas al lado mío. Agradecía para mis adentro el tenerte ahí, tranquilo y sereno. También me acuerdo de que en ese momento de hipnotismo en el que te miraba, abriste los ojos y yo sólo pude sonreírte con muchos nervios porque me habías descubierto observándote, y tú me devolviste la sonrisa.

Yo sé que fue poco tiempo, sé que quizás fue algo así como un amor de verano. Quizás ni siquiera llegamos a eso. Pero te juro que te quise. Te quiero, de hecho. Te quise cuando me diste un besito en la nariz. Te quise cuando me dijiste que te encantaba, que era linda. Te quise cuando nuestras manos se encontraron, te quise cuando te miré en la mañana. Te quise incluso cuando me dijiste que no querías algo serio. Te quise cuando, sin quererlo, nos dijimos adiós.

Ando ganas de encontrarte, así como dice Perotá Chingó. ¿Y quién sabe? en una de de esas nos encontraremos en otro carnaval.

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