Escrito por B.M / Ilustración por Maldita Valentina

Yo clasifico a la gente en tres tipos:

Primero están esas personas que son la raja, que te enseñan cosas nuevas, nuevos e interesantes puntos de vistas. Esas que te hacen sentir que entraron a tu vida solo a entregarte buena energía. Ese tipo de personas que te aporta, de las que pueden estar riendo mil horas pero también las que están cuando las necesitas.

Luego vienen esas personas que así de rápido como llegaron a tu vida, se fueron, sin un mayor impacto ni huella. Solo estuvieron un tiempo efímero (o largo) pero que ahora casi ni las recuerdas.

Por último está ese tipo de persona que son una mierda, que te hacen sufrir de formas que nunca antes habías vivido. De esas personas que solo pasan por tu vida para enseñarte a no ser como ellas, que te hacen tanto daño que es inevitable no querer ser nunca así. Te enseñan que si existe la maldad en los humanos, tienen todas las cualidades para ser una persona maricona.

Dentro de este grupo te pondría a tí. Te amaba/amo caleta. Erai mi todo y nunca te importó. Hice todo lo que pude por mantener la relación, desde soportar tus ataques de bipolaridad hasta los gritos de tu mamá. Te conté cosas que jamás pensé que podría contarle a alguien, conociste un lado de mi que nunca había mostrado a otra persona, dejé de lado mi frialdad innata y mostré un corazón que ni siquiera yo sabía que existía.

A pesar de todo esto, te importó un pico todo el amor que te di cuando conociste otra mina que te gustó “porque se preocupaba de ti”. Como si nunca me hubiera preocupado por ti, como si cuando me decías que me necesitabas no corría hacía ti con un caño que sabía que te haría sentir mejor. Como si no hubiera hecho todo lo que pude por lidiar con tus desequilibrios mentales. Te pasaste por el pico todos los “te amo” y los “hasta siempre” que nos decidamos después de hacer el amor. Te pasaste por el pico todas las cosas nuevas que aprendimos de la mano, todas las veces que fuiste mi mejor amiga y nos quedamos conversando hasta las 4 de la mañana, sentadas en mi cama tomandonos un vino y hablando de nuestros miedos, nuestro futuro y las cosas que nos apasionaban.

Siempre fui consciente de tu miedo a estar sola, pero ingenuamente creí que tu amor hacia mi iba a ser más grande que tus ganas de aumentar tu autoestima. Nunca pensé y aun me cuesta mucho creer, que pudiste estar con otra persona a la semana de haber terminado. Que pudiste sentir otros labios en los tuyos y que te podría gustar. Que otra persona sea la que te tome de la manito y esté a tu lado. Pero ya es tiempo de aceptar que tú no eres el amor de mi vida, que no eres mi compañera eterna y que no estamos hechas la una para la otra.

No niego que me diste los mejores días de mi vida pero ni esos días se comparan con la decepción de saber que la persona que amé y creí conocer nunca existió. En mi mente eras una y de verdad eras otra. En este tiempo separadas me di cuenta que tu yo real no me gusta, no me atrae. No siento atracción hacia alguien tan poco humana como tu, tan indolente. No te deseo el mal (o tal vez sí), espero que encuentres a alguien que te ame como yo lo hice y que haga darte cuenta que uno no puede jugar con el corazón de las personas. Por mi parte, ya empecé a olvidarte.

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