Escrito por nowherejan / Ilustración por Catalina Cartagena

Hace seis septiembres atrás, tenía 18 años. En ese entonces, Tumblr ya era una plataforma muy popular, llegaba del liceo y le daba reblog y follow hasta lo que daba. Tenía muchos seguidores pero ninguno cercano, y tampoco me interesaba porque tenía a mis amigas y pololo, así que apenas me dedicaba a conversar por esta red social. Un día de ése septiembre, me saluda alguien que no conozco, pero de cortesía y curiosidad le devolví el saludo, y comenzamos a hablar… Que le llama la atención mi foto, que fue el empujón para hablarme.

Conversábamos hasta la madrugada por teléfono, y por Messenger, le decía que me daba vergüenza hacerlo.
Así, se convirtió en una persona con la que me sentía segura.
Y así, durante 6 meses, hasta que él dio un paso más.
Una ruptura fue ese otro empujón.

Apenas conocía Concepción, pero bastó con darle indicaciones para encontrarme con él.
Era día viernes, yo iba de uniforme, muy nerviosa, y él, muy sencillo y muy nervioso. De polera y pantalón, para qué dar más detalles, la memoria también falla.
En la vereda de al frente me esboza una sonrisa y apenas dar el verde camino rápido, entre tanta gente sólo lo miraba y caminaba directo a su sonrisa, que, a cada paso que yo daba, se hacía más grande.

Lo miré y nos saludamos con un gran beso. Cabe decir que en los últimos ya 2 meses de conversaciones, de noche y día no solo fueron de amistad. Le tomé la mano y mientras conversábamos nos dirigíamos al Parque Ecuador.
Desahogamos todos los besos que nos teníamos guardados.
El domingo se despide sin antes preguntarme si quería ser su polola. Le dije que sí. Nos estábamos conociendo.

En casi dos años y 500 kilómetros de distancia, tuvimos otros amores, otras aventuras, pero no. No era lo mismo. Hoy, son casi tres años juntos y 500 kilómetros de distancia.

Con las Torres del Paine estrelladas, le dije que sí, que me encantaría estar con él para toda la vida.

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