Escrito por Mar / Fotografía por Camila González

Estos últimos días he vivido en retrospectiva. Como si recordar y buscar detalles le diese sentido a lo que estoy sintiendo ahora. Hace años que no vengo haciendo más que escribir del mismo dolor, porque me pregunto, ¿cómo una chica tan distante, atenta y hermética pudo salir así de herida de todo esto? No lo vi venir.

Sé que lo quise, supe que lo haría desde el momento en que al verlo por primera vez me tranquilice. Nada de nervios, pura calma, ¿pero y él? Ha pasado tiempo desde el último encuentro que tuvimos y he realizado todos los análisis posibles en mi mente, pero resta uno y el que más me persigue.

¿Fue amor? Tenía un libro que hablaba de esto, decía que no era necesario cuestionarlo o se caería en la negativa de la frustración, de querer dar más cuando ya no resta tiempo ni nada. Sin embargo, mirando a lo que fuimos (y tómenlo como una confesión que él no verá), quiero creer que sí nos quisimos, aunque su plan fue partir y terminar sólo en el deseo, acabó perdiéndose, queriendo y luego no apropiarse de ello.

El deseo en esencia lo reconozco como un sentido de exploración. Esto implica una posterior destrucción de lo que se desea para poder contenerse y no pasar del límite del deseo al querer, un acto suicida o autodestrucción. Partió cruel, bajo el deseo me destruyó. Para el fue el juego de un trono de placeres, como un día confesó. Y está bien, es completamente válido, ¿pero luego era necesario decir o escribir cosas que no quisiera reconocer cuando le hablara por última vez? acto suicida, según lo que me decía, confesaba y mostraba, él pasó el límite del deseo.

Ahora que soy consciente reconozco que partió cruel, que intentó advertirlo. Yo improvisé, me arriesgue a intentarlo pensando que sería como decía, nada a largo plazo. Pero todo se extendió y con el tiempo parecía que me quería como yo a él, me lo dijo textualmente.

¿Para qué, para luego desaparecer, huir? Dolió, pero hace poco acepté el cierre personal de esta historia. Lideré la batalla contra sus recuerdos y creo que ya no queda más que derrotar. Yo lo quise, fui sincera conmigo misma y luego de tanto, ahora sólo importa liberar el alma y seguir sin cargar más que con mi propia calma. A veces lo extraño, no lo negaré, pero por eso ya no vuelvo a pasar.

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