Escrito por Anónimo

*Recomiendo escuchar Constelación de (Mellamo) Sebastián

Recuerdo nuestra primera salida juntos: hablando de la vida, recorriendo cerros y comiendo helados York. Me contaste tus miedos, tus taras (taras: trancas. Para entender el concepto ver Cortometraje Taras de Roberto Pérez Toledo), yo perdí mis miedos, dejé de lado mis taras; nos sentamos en una escalera escondida cuando el cielo se torno de color naranja… Había un incendio, pero no podía dejar de sentirme relajada a tu lado; en ese momento decidimos que era buen momento de ir a casa.

Al día siguiente me invitaste a tu casa a ver películas: quizá no vimos ninguna por hablar, fumar, reír, entre otras cosas que son obvias pero no voy a escribir. Me sentía segura, me decías que me ibas a esperar de vuelta de vacaciones, esa noche planeamos el viaje que haríamos cuando volviese al compás de The Beatles… Me quedaban cuatro noches en aquel extraño lugar: cuatro noches que obviamente pasé junto a ti, cuatro noches en las que conocí a varios de tus amigos, cuatro noches donde sentíamos que eran suficientes para conocernos, cuatro noches donde me sentí casi en pareja, cuatro noches donde por primera vez compartí una cama, cuatro noches en que antes de dormir dibujaba constelaciones con los lunares de tu rostro. Por las mañanas era casi la misma rutina: despertabas, me besabas suavemente, ibas a ducharte (unas te acompañé y otras no), te vestías para ir a trabajar, preparabas café para los dos (hasta sabías cuantas gotitas me gustaban en el café), conversábamos lo que haríamos en el día, planeábamos la hora en que nos juntaríamos para comprar algo para el té y volver a casa, te hacía pucheros porque no quería que te fueras (además sabía que te encantaba verme hacerlos), besabas mis pucheros, te quedabas acostado un rato conmigo hasta que estabas al filo de llegar atrasado, me besabas diciendo que esperarías todo el día por volver a besarme, y salías corriendo a tomar la micro… Lo único que yo esperaba era que en la noche nuevamente estaría relajadamente dibujando sobre tu piel con mis dedos.

El día en que tenía que partir despertamos más tarde porque no tenías que trabajar: nos acurrucamos como si no hubiese mañana, me pediste que no te olvidáse, te pedí que si te llegase a gustar otra chica que por favor me dijeras, me dijiste que me esperarías, te besé, nos levantamos, nos duchamos juntos, lavaste mi cabello y yo el tuyo, nos vestimos, me dijiste que necesitabas tabaco, fuimos por tabaco, luego fuimos a comprar comida, nos devolvimos a casa y cocinamos, los fideos nos quedaron un poco salados, nos reímos por eso, comimos, nos recostamos juntos esperando que las horas fueran eternas.

Llegó el momento de irme, fuiste a dejarme al terminal, llegamos justo a la hora, esperaste hasta que el bus partiera y nunca más te vi. Me hubiese gustado hacer tantas cosas contigo, pero de un día a otro me bloqueaste y nunca más supe de ti. Sin embargo me quedo con el recuerdo de haber dibujado muchas constelaciones en tu cuerpo.

No Hay Más Artículos