Escrito por Niña Conejo / Ilustración por ONREIVNI

Somos nosotros hace casi cuatro años. Hemos caminado tantas calles, comido tantas papitas fritas, reído de tantas cosas, hecho tantas cosquillas, tirado tantos peitos, que ya siento que siempre ha sido así. Pero no es así. Antes de ti en verdad nunca me hubiese imaginado esto. Jamás me hubiese imaginado que esto es el amor.

Vi tantas películas, me fasciné con las novelas de Jane Austen, amaba imaginar ese amor pasional y romántico, ese que pareciese siempre tener la palabra y acción correcta que quizás distorsioné, como buena romántica empedernida (una bajo las sombras, porque para el mundo siempre fui muy realista y racional) el amor, y por tanto las relaciones.

Nunca antes tuve una relación de verdad, una que mereciese el calificativo. Pasé mi adolescencia casi completa soltera, y después de un tiempo me acostumbré a ella. Ya no me incomodaba tanto, e imagine una vida en soledad, y me apegué a las cosas bacanosas que podía hacer sola.

A mis 20 años era según yo, una solterona conforme. Mentiría si dijese que “ahí apareciste tú”. Estabas en el mapa hace unos añitos ya. Eras más chico, y estábamos en diferentes etapas. Conversábamos de vez en cuando, de películas, series, mis mascotas, de cómo nos llevábamos con nuestros hermanos. Me divertía mucho, y siempre me sentí muy escuchada por ti.

Habían períodos donde nos alejábamos, meses sin cruzar palabras y cuando volvíamos a hablar era como siempre. Y un día me fuiste a buscar a mi trabajo. Luego volvimos a salir, y otra vez, y otra vez, hasta que paf!!! nos dimos un beso. Ni siquiera sé cómo pasó, creo que el amor de hecho pasa sin que te des mucha cuenta. Me gustó tu beso, tus labios y cómo me hacías cariño, cuando me dijiste te quiero en el metro con tus ojitos felices. De ahí jamás nos separamos. Hemos vivido muchas cosas, suena tan cliché pero es cierto. Han habido momentos difíciles, momentos en que no nos hemos comprendido el uno al otro, que hemos llorado mucho, pero es ahí donde uno aprende a amar de verdad. Somos distintos a esos dos loquillos (o “gaios” para que suene más PUC) que se dieron su primer beso en una banca.

Me gusta nuestro viaje, he aprendido tanto. A soltar, a amar, a cuidar (y dejarme cuidar), a confiar. Me gusta que seamos libres juntos, que vivamos nuestras vidas solos y las compartamos con el otro. Que me conoces mucho, y yo te conozco tanto. Que las palabras no son la única forma de comunicarse, también está el silencio y las miradas. Que mis partes “feas”, esas que uno cree que si las muestra el otro saldrá olímpicamente corriendo y que tú abrazaste con cariño, son dignas de amor.

Es rico saber que sin importar si seguimos juntos o no, nos hemos amado tanto y tan auténticamente, y que lo seguiremos haciendo siempre. No era para nada lo que yo esperaba, definitivamente es mejor. Pase lo que pase, siempre te amaré chinito lindo.

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