Escrito por ninja tortuga adolescente / Ilustración por Catalina Cartagena

Me despegué de él un segundo para tomar aire y vi que detrás de su cara estaba toda la bahía de Valparaíso. También me di cuenta que ya no era verano y que la brisa otoñal me dio un pequeño escalofrío. Se me pararon los pelos de los brazos durante ese momento. O era por el beso. Y su sonrisa amplia, blanca y acogedora. En silencio me señaló el cielo para que lo mirara.

Torcí el cuello y miré para arriba. Estaban todas las estrellas que nunca pude contar, titilando una a una sobre nuestras cabezas. Yo no podía ni respirar bien porque algo tibio en la guata me apretaba el diafragma a cada momento en que lo miraba. Ya no hacía tanto frío.

Mi mano en la suya, entrelazados los dos en un mirador porteño después de tu invitación a una noche de hablar, de planear y de un “quédate conmigo, por favor” me dejaron una mueca marcada en la cara y le respondí.

-Me quedo contigo.

Al final, ninguno se quedó con el otro.

*Siempre supe que me iba a enamorar.

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