¿Cómo amaneció la mujer más linda del mundo?

Escrito por Anónima / Ilustración por CHAI

Me preguntaron inocentemente: “¿Cómo estay con tu pololo?” y me largué a llorar. Mis amigas no estaban acostumbradas a verme triste, se preocuparon e indagaron más y más: era mi mejor momento profesional y este pololo seguía pegado en lo mismo, no avanzaba conmigo, yo ya no sabía qué hacer porque lo quería, mucho. “Hueona, mira a este mino que trabaja conmigo, te va a encantar”.

Dicho y hecho, nos pusimos a revisar su Instagram y <3!!!!!. Le di follow en twitter y empezó el juego. Que cómo te llamai, que cómo te dicen, qué signo erís?, jijiji, y derrepente me habla por whatsapp. Me alegré de que fuera psycho porque así yo pasaba piola. Dormía poco para hablar con él, se me acababa la batería, mensajes de audio. “¿Juntémonos?”. Tomamos helado y yo no podía dejar de mirar un lunar que tenía en la boca (no por lindo, not), sus tatuajes, y discretamente intentaba verificar si era más alto que yo. Y ay, qué bueno, lo era.

Creo que debí preocuparme cuando en nuestro primer encuentro me puso el brazo sobre los hombros y caminamos por Lastarria como pareja de años. Creo que igual me preocupé pero me encantó. Terminé mi pololeo anterior, ese pololo era tan buena persona que hasta lo entendió. Dos semanas después estaba yo en la casa de este nuevo hombre, aún sin poder dejar de mirar ese lunar que no entendía por qué tenía. Tragos aquí, tragos allá. Mis amigas felices de verme en paz. Más trago y hora de dormir. “Te quedas conmigo?” Nunca había estado con alguien tan rápido, supongo que era el momento de vivirlo. Y todo iba bien, hasta que en nuestra primera experiencia en el “acto amatorio” —ME DIJO MI AMOR— y me quitó todas las ganas de cualquier cosa. Señales que no vi, haber sabido antes…

Esa misma noche me dijo que quería que fuera su polola. Que le gustaba y que me quería. ¿Será el momento de correr? Le dije que no, porque tenía un viaje y no sabía que iba a pasar, la vida estaba siendo muy extrema (y fue la única buena decisión que tomé respecto a él). Viajé y viví las mejores experiencias de mi vida, se abrió mi mundo, y mientras ocurría estaba él ahí, haciéndose presente, buscando engancharme más y lamentablemente lográndolo. Todo se trataba de adular, de admiración, de cuán increíble era yo y qué bien se sentía que alguien lo dijera. A ratos discutir por la distancia, a ratos pensar por qué apareció justo en ese momento.

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Cuando volví, él estaba ahí, esperándome disfrazado de príncipe. “Bueno, ya volví, intentémoslo”. ¡Qué feliz me sentí! Los primeros meses esa fue su estrategia: convencerme de que para él era extraño estar con una mina con tanto talento, tan inteligente y desafiante. Y como el amor los primeros meses siempre es inocente y maravilloso yo creí, creí en él. Aparecieron viejos fantasmas, le pregunté si seguía hablando con ella. Él lo negaba, siempre lo negaba mirándome a los ojos y jurando amor eterno. Las mañanas empezaban con él mirándome a los ojos preguntando cómo amanecía la mujer más linda del mundo (y riéndonos cuando le respondía que no la conocía).

Nos presentamos a nuestros amigos: éramos encantadores, una pareja linda llena de buena onda y alegría. Sus amigos no entendían cómo podía estar con él, un pintamono. Mis amigos se alegraban de que él fuera tan agradable. Cuando ya estaba seguro de que confiaba en él, empezó la pesadilla. Dejó de tratarme con cariño. Comenzó a exigir. Si no tirábamos se enojaba. Tenía que hacer cosas que él no quería para que estuviera feliz. Ya no me abrazaba, ya no me buscaba. “Qué feo tienes el pelo”. “Deberías bajar de peso”. No me tocaba. No me miraba. Y yo no entendía qué había cambiado. Me invalidaba frente a sus amigos, pero con los míos era un amor. Me dejaba llorando en los carretes. Nadie entendía nada.

Mi vida se volvió una pena constante. Aún recuerdo cuántas veces se iba de la pieza al living alegando que lo tenía chato. ¿Qué estoy haciendo mal? Aún recuerdo cuántas veces me dejó llorando sola. ¿Qué está pasando? Mis amigos volvieron a verme llorar. Cómo iba a terminar con él si no había pasado “nada malo”. Fueron semanas de dolor en que no entendía qué hacía para que me odiara de esa manera, fue mucha la pena. Lo enfrenté tantas veces preguntándole qué es lo que había que mejorar.

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Me ignoraba de millones de maneras que conseguían que yo misma me cuestionara y sintiera la mina más loca del mundo. Para él todo estaba bien, pero actuaba de la forma totalmente contraria. Una noche no pude más. “No merezco esto, no sé qué hago para recibir tu indiferencia. Yo no quiero estar así, si las cosas no cambian esto se acaba”. Nos dormimos y a la mañana siguiente todo volvió a ser como antes. “¿Cómo amaneció la mujer más linda del mundo?” … ¿Cómo lo enfrentaba? ¿Qué tenía que pensar? ¿Qué se creía para agarrarme para el hueveo de esa manera? Desde esa mañana nuestra relación se transformó en la misma maravilla que era cuando empezamos.

Todo era tan raro, todo tan conocido y a la vez tan horrible. Pero yo ya no estaba dispuesta a caer. Este tipo estaba conmigo por mi “éxito”, se vanagloriaba de tener una polola brillante y se aseguró de que yo confiara en él, de convencerme de que me amaba para dejar de entregar amor, y comenzar a opacarme. Me opacaba y buscaba brillar él. Él brillaba y me invalidaba. Y yo quería que brilláramos juntos. Me disminuyó e hizo sentir tan sola, tan loca, tan tonta. Me usó para aumentar su ego y quiso jugar conmigo para demostrar que podía hacer lo que él quisiera. Unas semanas después, cuando terminé con él, me dijo que debí haber sido más comprensiva y que no entendía por qué estábamos terminando si todo estaba tan bien. Yo sólo le pedí que por favor no fuera así con su próxima polola, porque esa pena no se la deseaba a nadie.