Escrito por Anónimo / Ilustración por Catalina Cartagena

Era chica y tú eras grande, o al menos lo parecías. Ibas a buscarme al colegio y nos devolvíamos caminando de la mano a mi casa. Siempre te decía que fuéramos a otra parte, a una plaza o por último al supermercado, pero te daba paja, preferías quedarte en casa, en mi cama, haciendo otras cosas más interesantes.

No era algo nuevo para mi, ya había pololeado antes y había tenido sexo un par de veces, nunca regularmente eso sí. Hasta que te conocí. La primera vez que nos juntamos nos comimos y metiste tu mano en mis pantalones, eras bruto y no me gustó pero no te dije nada porque me atraías y no quería parecer mala onda. Supuse que por ser la primera vez que hacíamos algo era lógico que me sintiera incómoda así que no le di mayor importancia. “Después tendremos confianza y no se sentirá así”, pensé.

Pasaron las semanas, salimos más veces, me pediste pololeo y tiramos varias veces en mi casa. Durante ese tiempo no me sentí mal, estaba tranquila, las sombras de miedo que tuve esa primera vez que nos vimos aparentemente habían desaparecido. Entonces te fuiste a quedar a mi casa. Ese día me dolía mucho la cabeza, te dije que no me sentía bien, sin embargo cuando nos acostamos me dijiste “ya pu ¿cómo no vamos a aprovechar la oportunidad?”, seguí insistiendo en que no tenía ganas, que solo quería dormir, te dije buenas noches y me di vuelta, dándote la espalda. Pero no paraste, empezaste a bajar mi pantalón de pijama y me dabas besos en el cuello.

No sabía qué más decirte, así que te seguí la corriente para que todo terminara pronto. No me gustó, ni siquiera dejaste que me mojara lo suficiente y me dolió todo el rato. Cuando acabaste fuiste al baño, volviste, me diste un beso y te acomodaste para dormir. Yo no pude. Pensaba en cómo decirte que lo que había pasado no se había sentido bien, pero no encontraba las palabras correctas.

Despertaste en plena noche y yo te miraba fijo, con los ojos bien abiertos. Me dijiste: “Qué te pasa, por qué me mirai así ¿estai loca?” y no supe qué responder. Me preguntabas qué onda y no podía hablar, era como si me hubiesen quitado la voz. Estuve mucho rato callada y me presionabas para que hablara, de pronto lo vomité: “Cuando te digo que no es no, hoy no tenía ganas y no quiero que pase de nuevo”, tú sólo me miraste, dijiste “bueno, nunca más” y seguiste durmiendo. Pero ocurrió de nuevo y varias veces. No era siempre, quizás si hubiese sido así te habría pateado altiro. Era de repente, pero pasaba. Yo no quería y tu salías con excusas como “para qué me apoyaste el poto en la pierna entonces”, cuando me daba vuelta para dormir o “para qué dejaste que me viniera a quedar si no íbamos a hacer nada”.

Cuando terminamos no quería olvidarte y hoy, meses después, ahora que logré desbloquear esta wea y puedo contarlo, lo único que quiero es eso. No quería pero tú sí y al parecer eso fue suficiente.

Hoy pololeas con otra niña y seguramente piensas que estoy celosa, porque todo siempre gira en torno a ti, pero sabís qué, lo único que pienso es que ojalá, ojalá no le hagai lo mismo, weon de mierda.

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