Escrito por Volantina / Ilustración de Hola Nico González

Era el 2011 y entré de lleno a ser quinceañera, con papás a punto de separarse y por ende mucho tiempo libre y poca preocupación por lo que hiciera, me perdía en el scrolling infinito de tumblr y divagaba revisando tumblrs que encontraba bonitos.

Por curiosidad, decidí linkear mi Facebook a los links de mi Tumblr. Un día en la mañana -como de costumbre- desperté, prendí el computador y tenía una solicitud de amistad tuya, fue raro y me dio un poco de miedo igual porque ¿por qué alguien me agregaría? además, en mi tumblr no tenía ninguna foto mía ni nada. Me hablaste, hablamos de un montón de cosas que se nos ocurrían, hubo buena onda altiro y comenzó a entablarse esta amistad virtual que sólo podía ser eso, porque tu eras del sur y yo muy del norte.

Hablamos durante casi dos años, todos los días, nos contamos las penas de amor, las dudas de la vida, las inquietudes, chistes fomes, dramas del colegio… hasta que desapareciste y no sé bien porqué. Pasaron los meses, me olvidé de la cotidianeidad de hablar tanto… en paralelo, me rompieron el corazón y pensé que lo mejor que podía hacer era crearme un facebook nuevo y te busqué, volvimos a hablar un poco, pero no con la misma frecuencia que el comienzo.

Pasó un año entero y un día te hablé, volvimos a hablar todos los días, hasta tarde, pasamos a contarnos todo, sabías mucho de mi, me mandaste muchos té para mi cumpleaños y te hice un fanzine para el tuyo, vinieron algunas cartas y se asomaba un poco la idea confusa de que quizás, en algún universo podríamos coincidir y así fue.

Nos terminamos conociendo porque fuimos a Santiago por un concierto, era justo y necesario encontrarse antes de ir a ver a Morrissey. Estaba muy nerviosa por lo que implicaba conocerte, era ponerle materialidad a la persona con la que hablaba todos los días y le contaba hasta cuando me iba mal en una prueba o cuando el niño que me gustaba me rompía el corazón o cuando a ti te rompían el corazón y los consuelos iban y venían.

Te vi y fue un flechazo brígido, un montón de cosas me hicieron sentido pero descarté la idea porque las barreras geográficas seguían convirtiendo todo en pura imaginación. Recorrimos Santiago medios perdidos, muy provincianos, jugando, riendo y cruzando mal la calle. Después de volver cada uno a nuestras casas, seguimos hablando más y más, me acompañaste a distancia ante las adversidades que marcaron mi vida con palabras de aliento.

Quedamos en la universidad, ambos en Santiago. Era divertido armar los planes que podríamos hacer, los lugares a los que ir, las bandas que escuchar o pensar en la idea de acompañarnos a tomar té. Nos volvimos a encontrar, con la emoción de haber pseudo dejado el hogar y estar sumergidos de lleno en las luces de la capital y los afiches de neón que bajan por la Alameda. Todo era caminar, perderse, divagar, reír, hasta que nos empezamos a mirar con más cariño, con más complicidad y los besos iban y venían y nunca me había sentido así, hasta creí que estaba enamorada pero no era más que mi sulfuro por tantas emociones fuertes que me pasaron en muy poco tiempo.

El tiempo juntos fue triste: tú muy nada y yo muy todo, rebosada de emociones, de intensidad y de amor. Tú, inseguro y poco claro. Yo, dispuesta a todo, creyendo que la complicidad era mutua, consolidé mis emociones en el abismo que me entregaste pero no te culpo. Sabía que todo esto me estaba dañando pero no quería dejarte solo en esos abismos, me preocupé, te quería y siempre he tenido ese problema de querer sacar a la gente de sus oscuridades -después de ti, entendí que eso no me corresponde a mí-. Todo ese tiempo fue triste porque no intentaste nada para que habláramos el mismo idioma y tampoco fuiste capaz de ser sincero conmigo.

Te escribo esto desde la distancia para darte las gracias por decirme que me fuera, me faltaba ese empujón para entender que a pesar de las muchas veces que pensé en lo maravilloso que era estar juntos tras esta historia de amor adolescente millennial, no era lo mejor para mí y tu no eras lo mejor para mí.

Hoy miro con claridad todo, porque no fue tanto como pensé. Y como rapea la Dadalú: En internet a veces la cosa es peligrosa / uno se expone a enamorarse / uno se arriesga a desilusionarse / todos ya sabemos que esto es más que recrearse.

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