Escrito por Inuyasha / Ilustración por Hola Nico González

Vuelve y hablemos acostados en tu cama, mirando las flores de tus sabanas, pensando en las que están afuera, las orquídeas y los cardenales. Te prometo que esta vez si las vas a volver a ver. Yo sé que antes mentí, pero en verdad lo creía.

Nuestra historia terminó, no existe. Lo que un día construimos se ha esfumado. Pareciera que es más fácil dejarnos, pero eres un fantasma conmigo caminando.

No quiero perder tu voz, pero es difícil recordarla. Es como cuando se te olvida una canción que tienes en la punta de la lengua e intentas tararearla, lo intentas y lo intentas, pero no sale. Sé que volverá a mí, ya no aprendí a soltar amores, ya no aprendí a dejarte ir.

Me gustaría contarte todo lo que no te dije. Hablarte sobre él y cómo terminó. Te habría dicho que era un amigo para que no te preocuparas, porque eso hubieras hecho. Te daría miedo que me mataran.

Ya van seis meses y todavía le doy la dirección de nuestra casa al colectivero. Ya no duermo ahí. Ya no viajo tan seguido, es más fácil caminar por Santiago. La Carol me cuida y las niñas me acompañan. Hice amigos nuevos también, te gustarían, aunque no entendieras por qué el Luis se pinta las uñas.

Me angustia pensar que ya nada hay de ti, que en verdad desapareciste y solo quedan las fotos. Es difícil creer en lo que no puedo ver, pero tú lo hacías con tanta pasión cuando le rezabas a tu Dios, espero te hayas encontrado con él.

Quiero creer que aún estás, mirando desde lejos y que todo lo que te cuento ya lo sabes, pero igual me escuchas con atención, como si todo fuera nuevo, como cuando volvía los fines de semana a nuestra casa y me acostaba en tu cama, mirando las flores de tus sabanas, pensando en las que están afuera: “En unas semanas más, cuando estés mejor, iremos a verlas. Te lo prometo, mami”.

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