Escrito por MC   / Ilustración por Paula Sosa Holt

El mundo y las personas generalmente me parecen insoportables. Una vez a la semana, como mínimo, me dan ganas de apagar mi teléfono, de quedarme hecha bolita con mi perro y mi gato sin que nadie me dirija la más mínima palabra. Me gustaría que hiciera frío todos los días y que lloviera tres veces a la semana. Me gustaría que las calles ardieran una vez a la semana y que quedara la cagada en todas partes, para que pudiéramos entender de una vez por todas que no tenemos el control de nada. También me aburro con una facilidad terrible, casi bordeando la psicopatía y la mayoría del tiempo pienso que las personas le dan demasiada importancia a todo y que la humanidad exige demasiada atención que no les corresponde.

Al leer esto, varios y varias pensarían que dentro de este cuerpo no existe un corazón que esté dispuesto a amar. Se podría pensar que soy una persona egoísta, amargada, hostil y fome, pero la verdad es que amo con una facilidad espantosa y logro ilusionarme tan rápido, como una persona a la que le acaban de dar su primer beso de amor verdadero.

Me emociono con las tonteras más grandes. Basta con que le des un like a una canción que subí para imaginarme, inmediatamente, que la bailamos y cantamos juntos, cagados de la risa, como si estuviésemos hechos de esa misma melodía. Basta un solo like para que en mi cabeza comience la historia de amor más linda que ha visto el mundo entero.

Obvio que, en mi cabeza, después que bailamos esa canción en algún antro donde son las tocatas que ambos disfrutamos, salimos a tomar aire, me acompañas a fumar un cigarro, tú te tomas una chela medio tibia y desvanecida.

Luego nos vamos a un bar, tomamos, conversamos, nos reímos, nos echan porque ya es tarde, pero sentimos que en verdad ha pasado muy poco rato y que, por alguna razón, no son suficientes todas las horas que llevamos juntos.

Después vamos a tomar la micro y conversamos de cosas muy entretenidas, de series, de películas y de nuestros personajes favoritos, de los sonidos que nos gustan y de las cosas que nos molestan. En la micro nos da sueño y me apoyo en tu hombro para dormir, tú me envuelves tiernamente con tu brazo y me das un beso en la frente. “¿En qué paradero te despierto?- me preguntas, “En el que te bajes tú”, te respondo en una valentía que solo logró alcanzar en mi imaginación. Me haces cariño en el pelo y medio dormida te hago alguna pregunta ridícula que te causa mucha gracia y que hace que me abraces un poco más fuerte.

Nos bajamos de la micro y caminamos hasta tu casa, escuchamos más música y seguimos hablando y yo me emociono y deleito con todas las cosas que dices. Pienso que vería todas las series del mundo contigo y que a tu lado no me daría vergüenza bailar. Siento que enfrentar esta cotidianeidad monstruosa al lado de alguien como tú es un acto mucho menos monstruoso y que tener la disposición de quererte es casi un acto revolucionario.

Luego dejo de imaginarme cosas, hay que hacer un ensayo para la u, hay que cargar el pase, irse a clases, hay que salir a enfrentar esta vida tan aburrida y que nos satisface tan poco, hasta que publicó otra canción y vuelve a aparecer esa notificación que hace que me ponga nerviosa y que hace que me den ganas de dedicarte todas las canciones de amor que conozco. Te daría la mano, caminaría contigo e incluso aprendería a andar en bicicleta, porque en mi imaginación soy muy feliz haciendo estas cosas contigo.

Porque si no tengo un amor, lo invento y lo vivo sola, porque es la única forma de soportar esta primavera.

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