Escrito por arrozconhuevoo / Ilustración por Anahí V.

Hace un año estaba más sola que mascota en vacaciones, no era un buen momento, estaba encerrada en mi mundo que era bastante deprimente, ocupaba mi tiempo escribiendo pensamientos fatalistas en mi blog, dibujando cosas bizarras, escuchando Radiohead, estaba en un trance donde pensaba que mi vida no iba hacia ninguna parte, aún lo sigo pensando, pero todo ha cambiado bastante por una situación en especial.

Un día viendo las noticias en el 13 salió un reportaje de Tinder (alto contenido). Era bien chistoso para ser de las noticias, me pareció interesante pero no tanto como para descargarlo. Hasta que un día en la U teníamos que crear capítulos para una web serie sobre redes sociales (estudiaba audiovisual). Y como soy buena escribiendo, me eligieron de guionista para dos de los capítulos, y claramente elegí Tinder para uno de ellos.

Tuve que descargarla para ver cómo funcionaba y hacer el guión en base a eso, pero después de terminar mi trabajo la seguí usando. Después de juntarme un par de veces con gente descubrí dos cosas: una es que definitivamente Tinder se usa para tirar, todos vienen con esa mentalidad; la segunda es que las personas que de ahí provienen tienen serios problemas mentales, iguales o peores a los míos.

Eso no fue nada de bueno, ya que igual soy un poco ilusa cuando se trata de salir con cabros, nunca puedo cachar bien sus intenciones, mi interés no era tirar para nada, estaba buscando algo bacán en el lugar equivocado. Eso pensaba, me desilusioné bastante de la weá. Estos malos encuentros le hicieron peor a mi penca vida, esas conversaciones de mierda vacías que parecían entrevistas de trabajo me tenían chata, sobre todo si lo único que querían al final era terminar en un motel en baquedano.

Ya no le daba mayor importancia, la usaba pa puro hueviar. Hasta que un día me habló un niño preguntándome por un marciano hecho a mano que tenía en una de mis fotos de Tinder, empecé a hablar con él sin expectativas, pero subieron inmediatamente después de que noté que era de esas personas con las que se podía hablar de absolutamente todo, tanto así que hasta le conté de mi vacío existencial, mis problemas con el sentido de la vida, los entendió completamente y mejor aún, los compartía. Hablamos como por tres días (todo el día) y creo que ninguno de los dos aguantó las ganas de juntarse, era demasiado bacán hablar por el chat que al imaginar como sería en persona no podía esperar.

Él tenía 19 y yo 22, sabía que era menor que yo y no tenía ningún problema con eso, sobre todo porque su manera de pensar era superior a muchos weones mayores que desafortunadamente conocí. Cuando llegó el día estaba hiper nerviosa, en ninguna de las anteriores salidas lo había estado tanto, quizás tenía las expectativas muy arriba después de todo lo que habíamos hablado.

Nos juntamos en el GAM, lo vi de lejos y me cagué entera. Cuando me acerqué me di cuenta que era más bajo que yo, tenía el pelo largo y cara de bebé, se veía demasiado inofensivo como para ser un saco de wea, y justamente no lo era. Nos llevamos la raja inmediatamente, me hizo sentir muy cómoda, era bien tierno y risueño, y me encantaba su sonrisa. Más a la noche me contó que era mago y me mostró algunos de sus juegos de cartas, no quería que terminara el día.

Tiempo después me pidió pololeo con uno de sus trucos de magia y ahora llevamos varios meses en una relación bien motivada. Creo que no he conocido a nadie más con quien me lleve tan bien, ambos sentimos que la vida no lleva a ninguna parte, pero pasándola juntos es terriblemente entretenida.

Hasta el día de hoy me sorprende que alguien como él haya salido de Tinder, y el siempre me pregunta por qué yo estaba ahí también. De hecho está acá al lado esperando a que termine de escribir esto, “Qué weá escribiste un libro?” me acaba de decir (buena onda).

Bueno eso, no pierdan la fe que dentro de toda la mierda puede haber un pedacito de choclo.

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