Escrito por Eme / Ilustración por Catalina Cartagena

Que te vuelva a gustar alguien es volver al miedo. A la ansiedad de esperar algo que no sabes muy bien qué es, pero que te quedas a mirar de pura curiosidad. Es empezar todo de nuevo, tantear terreno, ver hasta dónde puedes y quieres llegar, y si realmente vale la pena.

Es volver a encantarte con alguien. Con su vida, su mundo y todo lo que lo rodea. Es conocer y volver a vivir de canciones, lugares e historias.

Querer a alguien puede empezar con un besito en el hombro, en el cuello o en la nariz, un roce de pies o contigo tirándome hacia tu lado de la cama en la mañana.

Quererte me recuerda a papas rellenas colombianas, caminar al metro hablando sobre tu familia o un beso rápido antes que llegue el ascensor.

Extrañar es distinto. Extrañar es quererlo todo y al mismo tiempo morirse de miedo por la posibilidad de empezar de cero. Extrañarte es acordarme de ti todo el tiempo. Es casi tenerte al lado para poder mirarte, reírnos y quizás odiar un ratito al resto.

Es querer decir todo y no tener absolutamente nada para decir. Es tener miedo de nuevo. Por conocernos hace poco tiempo, y por querer mirarte los dientes cuando te ríes o contar los cientocincuenta lunares de tu cara, o sólo los tres que tienes en la oreja izquierda, y que entre medio me pidas que te arregle el aro.

Extrañarte y esperar que me extrañes, y confiar en eso, o no confiar en nada. Sólo en que podamos caminar hasta alguna plaza o que cualquier día me voy a acostar en tu espalda después de fumar, y que no perdamos más despedidas con besos en la mejilla.

Extrañarte ahora es esperarte, sin saber muy bien qué esperar, qué quiero hacer o por qué lo estoy haciendo. Porque no puedo esperar a que pasen estas semanas y vuelvas, y aunque es inútil, me gustaría que no te fueras nunca más.

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