Escrito por Martina L . / Ilustración por Bosquetro

Cuando te conocí me maté 3 veces; ahogue al “yo” del pasado, aplique la eutanasia con el presente y asfixie con la almohada al que programaba o proyectaban de mí en ese futuro. Sentí entonces ese peso del que hablaban, ese que se desprende del proceso de combustión entre el oxígeno que se respira y el calor que se libera cuando la distancia entre dos cuerpos se puede medir en milímetros.   Creo que sí valió la pena pensar en ti como una apuesta suspendida en el tiempo. Creo que sí valió la pena soltar la careta de comedia y tragedia, creyendo que yo también podía bucear en esos lugares en donde la gente encuentra conformidad.

No te miento, algunas noches mirando por la ventana pienso constantemente en encerrarte en un bolsa y comprimir tu vacío al vacío; lo intentó siempre, pero rápidamente al repasarlo pincho el plástico con mi cigarro y queda todo en niebla . Siento que ese es el encuadre que los meses me adjudicaron, nicotina y vino más niebla en fase de desenlace.

Me gustaría vomitarte el engrudo que se ancló aquí y nombrarte a todos con los que sí puedo compartir un beso, a los que de noche me dejan espacio en la cama aún sabiendo que desde que tú estás , yo ya no estoy; quiero decirte con rabia que nado sin restricción en los ojos de otros; pero eso, eso no tiene importancia en esta acción del verbo, Porque de todas maneras quiero sumergirme y contar los minutos que podemos durar sin asfixiarnos.

Dime tú qué puedo hacer, si tu pelo revolotea por mis recuerdos una y otra vez como VHS que repite la misma toma secuencialmente en partes como la Gestalt; inicia la escena en el lóbulo derecho de tu oreja y termina todo en el mentón con viñeta en tu boca.    Y si, ¡así me siento! , como esa turista, que está intentando adaptar sus costumbres a las del lugar que escogió para pasar la temporada. No me puedes juzgar por eso; en cambio tú , tú asomas el rímel perfecto endureciendo en el segundo la mirada, y mientras yo, yo pienso en cuál parte de mi  continente vas a bombardear sin saberlo. La explosión de tus palabras y también del silencio me dejo pedazos de mi anatomía repartidos sin lógica por todo el cuerpo; y es que si te fijas y me miras directo veraz que ya nada aquí encuentra su lugar. Yo aburrida de esperar agarre todas las  piezas y las arme adentro pero sin forma; me quedo el ojo en la boca y a veces esta transformista se equivoca de quién es y llora.

Algunas noches como cena me sirvo los recuerdos y al día siguiente calo la carne por dentro para hacerle un hueco y taparlo todo con tierra y cal ; y es que como me puedes miras y no entender que eres la referencia del orden y del desorden que busco en las cosas . Revuelves todo lo que con ideología y experiencia arme, pero vienes a mi con esa cara y sensación de que la calle es para nosotros dos y siento otra vez el peso de la combustión, esa que me tienta a contar lunares. Me desespero en saber si siento en cómo se debería sentir, pero cuando busco y te comparo con otros revisando la bibliografía de los parámetros , solo sé que el borde de tus comisuras tienen sabor a te con miel y que al resto a todo el resto le hecho endulzante.

Que estupidez hablar y hablarte de una producción china del amor romántico, si yo a ese lo extirpe de mi cuerpo digamos que de siempre. Pero entonces quiero entender porque me dejo las palabras que te quería entregar coladas entre los dientes. Tengo claro que yo ya no te vuelvo a hablar de aquello, y que si vuelvo a estar frente a ti y re-vuelvo a tener esa sensación de querer ponerme honesta, aprovechare el tartamudeo para tragarme todo como cuando me comía la masa de la harina cruda.

Te enteras eso sí , que no fue una mañana en la que me desperté pensando en ti, si no que porque pensaba en ti es que me desperté.

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