Escrito por Dolores O’Riordan / Collage por Belen Marchant

Eras la persona menos indicada. Tú, tan loco, yo tan loca. Tú, tan aparentemente indiferente a todo, yo tan atenta a todo. Ya perdí la cuenta de las veces en las que pensamos salir sólo los dos y no se pudo. Admito que mi miedo por lo que podría sentir por ti me alejó más y más de la idea de vernos. Hasta que un día, ese día, terminamos en Bellavista riéndonos del garzón parecido a John Cena y odiando a la batucada con la que nos encontramos camino a casa. No quise decir nada, no quería cagarla. No lo hice.

Varios litros de pilsen después y en un tiempo récord lograste que mi corazón fuese tuyo. No hay explicación posible más que esa sensación de estar frente a la persona correcta, esa que esperaste toda la vida. Esa que no quiere tener hijos y espera recorrer el mundo mientras se conoce a sí mismo. Ese día, cuando escuchábamos a “Onda Vaga” abrazados en el Cariola supe que eras todo eso que busqué tanto tiempo, y lo encontré sin siquiera buscarlo. Una amiga de pelo rojo me dijo que el amor era amar a alguien sin saber exactamente por qué, con la simpleza del querer sin más. No sé si tiene razón, pero me gusta pensar que es así. Tú, el ingeniero menos cuadrado del mundo, yo, la humanista más cuadrada de la vida. Nuestros caminos debían juntarse, sin duda, la gracia es hacer que ese sentimiento sea duradero.

Aquí estoy, indefensa, enfrentándome a ti con el miedo de lo desconocido y la seguridad que el amor suele dar. Esa que quiero sentir hasta el día que me muera. Es pronto, lo sé, es loco, lo sé, es hermoso, lo sé. ¿Y qué?

Yo no sé por qué a veces me pierdo, los ojos se me dan vuelta y me muero por dentro. Y me encierro otra vez y no puedo salir, no puedo ver lo lindo de cada momento. Pero tengo la certeza que serás la persona que me desenrede los ojos. Aunque el miedo me venga a buscar. Siempre.

No Hay Más Artículos