Escrito por M. / Ilustración por Alejandra L. Ramírez

No había mucho que hacer. Era obvio que ese día nos íbamos a reencontrar. Según yo, ese día todo volvería a reflorecer entre los dos y quizás podríamos formalizar o delimitar qué era lo que había entre ambos, pero no. Todo salió a la inversa.

Era miércoles. Estaba con mi gran amigo en mi pieza viendo Lovesick en Netflix. Teníamos hamburguesas vegetarianas, torta y mucha Fanta. Nada podría arruinar ese día, esa tarde, hasta que sale él en nuestra conversación. “Igual lo echo de menos. Me encanta cómo es. Me encanta su cara, me encantan sus besos, me encanta cómo habla. Ay, no sé”, le dije a mi amigo. “Háblale, poh. Júntate con él, ¿qué perdís?”, me dice. Yo quería hacer eso hace varios días, pero no me atrevía a tomar la iniciativa hasta esa tarde de miércoles. “bueeno, le hablaré, pero si no me pesca, filo no más”. Todo salió bien. La cita quedó concretada para esa misma tarde a las 8.30 PM en una plaza de La Florida.

Yo estaba más que ansiosa por ese anhelado reencuentro.

A él lo conocí en Tinder. Ya, sí, obvio que todo el mundo dice “ay, cómo vai a andar con alguien que conociste ahí”, pero filo. Yo lo intenté. Hablaba con varios chiquillos de esa famosa app pero nunca, NUNCA me junté con alguien excepto con él. Él era especial.

El forestal fue el testigo de la primera vez que nos vimos. Me habló de la odontología, de su familia, de sus vacaciones, de lo que le gustaba hacer. Lo escuché toda la tarde y quería seguir haciéndolo, pero obvio que todo llega a su fin.

Después de ese día seguimos hablando mucho, cada uno se fue de vacaciones y nos contábamos lo que hacíamos en el día. Los dos fuimos al sur. Cuánto amo el sur. Para hacerme la linda le mandé “Al sur” de Patio Solar, pero creo que no prosperó mi idea.

Volvimos. Nos juntamos algunas veces en el forestal. Nada pasó en esas ocasiones y eso me encantaba.

Cierta tarde le dije “Oye ¿me quieres acompañar a ver a Cristóbal Briceño?” y me dijo que sí. De hecho, él compró su entrada antes que yo.

Ese día estaba muy nerviosa. Estaba en la casa de una amiga y me comí la vida para que no me diera hambre durante toda la noche. Jajaja. Mientras iba en la micro solo pensaba en lo bacán que iba a ser escuchar a Briceño y tenerlo a él a mi lado. Nada podría salir mal, ¿cierto?

Nos juntamos en Bellas Artes, para obviamente pasar por el parque Forestal y llegar a Bellavista. Fue bacán, hablamos ene como siempre.

Entramos al local y me compró una bebida. Aw. Terminó el show y a él solo le gustaba “Lobo mayor”. De hecho, era la única que había escuchado y fue porque yo se la mandé. Cristóbal dice: Ya, cabros, qué canción toco pa’ terminar? Y yo con mi voz tan fina y elegante grité: LOBO MAYOOOOOR. Y adivinen, resultó. Esa canción fin al repertorio de esa noche.

Eran como la 1.30 AM. Nos íbamos a ir a la casa de una amiga que vive más cerca que él y que yo del lugar en donde estábamos. Cuando estábamos en el paradero me tomó la mano y me estremecí.

Llegamos a la casa de mi amiga. Ella nos dejó un colchón en el living y lo compartimos. A las horas, nos dimos un beso y fue el mejor de toda mi vida. Bueno, no sé, quizás no, creo que estoy exagerando, en fin. Es anoche fue mágica, hablamos mucho, nos abrazamos, nos besamos. Todo perfecto.

Cuento corto: salimos varias veces más, como “andantes” o algo así. Luego, él pensó que me había enojado o algo así, y dejamos de hablar por algún tiempo. Fue una especie de término, hasta que volvimos a hablar.
Ese miércoles era el reencuentro. Todo fue increíble y lo mejor de todo es que no pasó nada. Me gusta eso. Quedamos de ver el partido del día siguiente juntos, para pasar más tiempo los dos.

Vimos el partido, luego de eso se suponía que iríamos a ver a Denver, pero a mí se me olvidó. Él se molestó por eso y discutimos en la Alameda. Fue terrible. Él no entendió nada de lo que decía. Me sentí pésimo e intenté hacerme la diva y avancé rápido. Él no me siguió. Todo mal.

Llegué a la casa de una amiga. Le conté mi drama, veo mi WhatsApp y ahí estaba. Era un mensaje de él diciéndome que era infantil y no sé cuántas cosas más. Lo borré.

Luego de eso lo llamé para pedirle una disculpa por haberme descontrolado y haberme ido así como así. Todo lo que pensé que pasaría no pasó. Fue terrible. Sentí que todo mi esfuerzo por comportarme como una persona normal sentimentalmente hablando, no prosperó. No me resultó. Lo único que quería era estar con él en Forestal, mirarlo, besarlo, dejar que tome mi mano y entrelazarla con la de él. Solo quería pasar el máximo de tiempo con él escuchándolo. Pero como siempre, nada de lo que pensé resultó.

No volvimos a hablar por mucho tiempo hasta hoy. Nos juntaremos el lunes. “La tercera es la vencida”, me dijeron. Espero sea cierto.

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