Escrito por Francis Ja / Ilustración por Hola Nico González

Se bajó en Baquedano y después nunca más lo volví a ver.

Fueron dos años de vivir como en una película indie alternativa, canciones de Velvet Underground, dibujos del uno para el toro, tardes en museos, muchos stickers comprados en ferias de ilustración, las miradas más cómplices, las caricias más dulces y la comida más sabrosa compartida. Era como un sueño donde yo de verdad encontraba a alguien (así lo guardaba en mi celular) que me aceptara, escuchara y de verdad le importase a ese alguien especial, que si soñaba con su persona viendo el amanecer iba a ser importante y un tema de conversación al día siguiente.

Fue mi primer amor. Descubrí tantas sensaciones nuevas con él, todos los clichés tenían sentido y me sentía infinitamente querida, amada. Porque cuando él me miraba era como si yo fuese lo más maravilloso del planeta al mismo tiempo que su ser me absorbió y yo perdí el rumbo, seguía el cauce de mi vida pensando que era muy feliz cuando en verdad no lo era. Me alejé demasiado de mi misma, estaba perdida y tomé malas decisiones. Porque en realidad, yo viví el amor por el sentimiento, no hacia su persona. Era adicta a ese fulgor en el corazón de que alguien te ama y tu lo amas y si lo miras se ríen porque construyeron y escondieron un código entre ambos que al parecer no perecerá.

Cuando terminamos tuve que rehabilitarme como un drogadicto cualquiera, convertirme en mi misma y superar al fragmento de el que quedaba en mí para que sólo fuese un recuerdo muy hermoso sin dolor ni resentimiento, en este punto de la historia todos sabemos que costó pero creo que no me pudo haber pasado algo mejor.

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