Escrito e ilustrado por Camila Naif
Hace tiempo que me estaba guardando mi historia, se la he contado a todo el mundo a modo de sacarme el dolor de adentro, de que fluya todo ese amor que me quedó preso.
Mi historia se puede clasificar en primer amor. La mayoría tuvo su primer amor cuando tan sólo era un pendejo. Yo me atrasé, nunca estuve con nadie hasta cuarto medio, hasta que por fin caí como una mosca al azúcar, embobada por haber encontrado a esa persona. Siempre todo parte bonito y el resto de la historia la conocemos. Es de conocimiento mundial que no todo dura para siempre. Y yo me esforcé porque durara lo que más pudiese. Porque para mí tú eres la única persona con la que quería estar. Y estuvimos casi dos años en la montaña rusa. Y aún me duele.
Me duele tu promesa rota. Me duele que te perdoné la cosa más terrible, que ya casi ni me importa. Y ahí estuviste y prometiste nunca más fallar, que sería eterno. Y yo me lo creí. Y te creí tanto, y traté de salvar cualquier pedacito de amor que pudiese rescatar. De alargar el tiempo, de que nunca terminara.
Pero tan sólo te solté un poco, para ayudarme a mi. Y te fuiste tan fácil.
Y desde ese día todas las noches me duermo con un nudo en la garganta, con esa ansiedad horrible que no me deja funcionar, con esa pena del alma que me ha tenido llorando tardes enteras. Todos los días espero y espero que por fin te des cuenta que fue un error y ahí estaré yo otra vez alargando todo. Porque lo necesito. Pero cada día que pasa me convenzo más y más que no llegarás. Que de camino a mi casa no estarás en la calle esperándome, que no me llamarás. Que ya todo ese amor que teníamos para ti no está. Y cada día te dejo de buscar entre la gente del metro, entre las calles y en las fotos.
Cada día duele un poco menos porque las espina se clava más adentro, y más adentro hasta ser parte de mi, una cicatriz.
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