Escrito por F. / Ilustración por Hola Nico González

Me gustaba tu amigo, eso nunca se me va a olvidar, y, desde el primer momento me pareciste un cómplice perfecto para llevar a cabo un plan de conquista que, como siempre, en mi mente se veía perfecto. Después llegó el carrete en el que me hinchaste hasta las 11 de la noche para que fuera diciéndome que esa era la oportunidad, que obvio que todo iba a salir bien. Ese plan perfecto fracasó porque, como siempre, tengo una dificultad monstruosa para llevar a cabo las cosas que pienso.

Ese día tú también fracasaste y gracias a la empatía que genera el encuentro entre dos personas que se equivocan constantemente, entre dos personas infinitamente torpes en relación a la sociabilidad, nos hicimos amigos y conversamos hasta las siete de la mañana mientras mi pinche dormía con otra y la tuya con otro.

Desde ese día, además de ser un cómplice, te convertiste en mi amigo y me parecías la persona más bacán del mundo. Me hacías reír hasta que me doliera la guata con tallas que todos nuestros amigos encontraban fomes, pero que para mí tenían un encanto particular porque venían de ti. Empecé a darme cuenta que nos entendíamos mejor que nadie y construimos un vínculo que pocos entendían, sobre todo cuando siempre éramos los que se quedaban hasta que saliera el sol compartiendo una conversación (y piscola, o chela o lo que quedara). Nos empezamos a decir abiertamente que éramos nuestras personas favoritas -siempre en clave de amistad- y sin darnos cuenta, éramos las últimas personas con las que hablábamos en las noches y las primeras con las que hablábamos al despertar.

Me gustabas porque tenías los ojos más lindos del mundo, y porque cargaban con las penas de un corazón roto, porque eras mañoso, porque me quisiste por las mismas razones por las que te quise yo, porque éramos un par de giles que se habían perdido juntos. Me demoré en darme cuenta de que me gustabas tanto, hasta que un día llegué a la universidad después de varios días sin vernos y nos abrazamos mucho rato, muy fuerte. Ahí me di cuenta de que quería abrazarte de esa forma todos los días, con un cariño que desborda y que encuentra como único modo de salir del cuerpo un abrazo gigante.

Y volviste con tu ex polola. Y sentí que una pena, pesada y profunda, despertaba dentro de mí. Después de eso, todas las canciones me parecen tristes y el mundo me parece un lugar sumamente aburrido. Sigo aquí como tu amiga y para mí sigues siendo una mezcla perfecta de las canciones más lindas del mundo, sigo aquí para que nos de vergüenza cada vez que nos rozamos las manos por accidente, sigo aquí para que nos miremos de un extremo a otro de la sala sin la necesidad de decirnos nada porque sabemos que estamos pensando.

Obvio que todo cambió, obvio que te estás alejando y obvio que te vas a ir para siempre junto con las promesas de amor que jamás te hice, pero que espero también te lleves contigo.

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