Escrito por Elisa Espinoza

Llevo buen tiempo pensando en escribir esto, pero algo en mí no me dejaba tomar el computador y empezar a teclear. He escrito frases en mi libreta, pero siempre termino escapando de ese momento, las palabras, del recuerdo; la situación. Últimamente mi subconsciente se ha tomado atribuciones sin preguntarme, guardando cosas que hoy salen a la luz mientras duermo. “Ganaste” le digo, a ese lugar oculto en mi mente, por refregar en mi cara todas las noches esos mensajes encriptados que terminan por ser entendidos de la siguiente forma: “Elisa, tienes miedo a morir” – me dice – con la situación más cruel jamás pensada; el cáncer. Cada día sueño que es el apocalipsis en un sin fin de terrores nocturnos y realmente el mundo no se está acabando, soy yo. Me muero una y otra vez ya sea por un tsunami o de cáncer y no soy yo la que muere, sino fuiste tú. Algunas veces sueño que tu mamá me llama para decirme que has muerto y lloro como si jamás hubiese pasado. Dentro del sueño se escucha un grito con un eco multiplicado por mil y te veo como un fantasma entrando en mi cama para abrazarme y decirme que me extrañas, que todo va estar bien. Siento ese abrazo como verdad y me confundo, si acaso eso está pasando al igual que mi muerte, para luego despertar y darme cuenta que sigo viva y que resucité – por así decirlo – y que tengo miedo a morir, aparte de recordar que no estás más; no existes ya.

Día 12 de Febrero del 2016 te mueres de algo que estaba dentro tuyo y que de pronto decidió comerte por dentro. Día 20 de Mayo del 2015 te miro a los ojos en tu pieza y me cuentas de esa cosa dentro tuyo que han descubierto. Me dices “tengo cáncer mono” y yo ya lo sabía, lo sentí y tras misteriosos síntomas los meses anteriores, se me hizo lógico que pudiese ser lo peor: un cáncer. Qué palabra más detestable, la odio tanto y de solo decirla me entra un frío escalofriante. Tuve casi nueve meses para nunca aceptarlo, a veces tú llorando sólo, yo contigo, yo sola o ambos haciendo como si nada. ¿Qué más íbamos hacer que hacer como si nada? Hoy ya son siete meses de que te fuiste y para mi 15 meses de que esa cosa apareció en tu cuerpo y en mi vida, mi mente, a tal punto de sentir que cada día me muero un poco más no porque no estás, sino porque no puedo entender. Con tan solo 27 años te mueres agonizando hasta el fin y yo hasta el día de hoy. Y no me parece gracioso que la gente diga que moriste como un rockstar al igual que K. Cobain y toda la gente “famous” que murió a esa edad. Tu no moriste así y ellos no lo saben, ni les importa y probablemente suena como si solo pensara en mí, puesto que hablo desde mí, pero el desgarro que quedó cambió todo en quienes más te amamos y compartimos contigo. A veces yo misma me desconozco, pero difícil seguir siendo la misma después de darte un último beso en la frente al cerrar la ataúd. Difícil volver a creer en algo después de escucharte decir que tienes miedo de morir y ahora soy yo la que se quedó con ese miedo. Muchas cosas son difíciles. No contesta el teléfono, me engañó, estoy triste (no sé por qué), no tengo plata, me robaron, me mintieron…pero ¿saben? Esta es LA COSA difícil. Bienvenidos a la vida real.

Güey Jhonson, te conocí el 2013 y el 21 de abril me enamoré de ti. Lo pasamos tan bien que me da risa recordar las veces que fuimos a Valparaíso a drogarnos, en mi pieza drogándonos, viendo películas drogados, en el persa paseando, jugando con los amigos, el Misterio (mi perro que pasó a ser nuestro), la música, las fiestas, la Piña Loca, tú haciéndome reír, tu pieza, los regalos, mucha comida, tu familia y yo y tú todos los días como nunca me había pasado jamás. Nos amamos mucho y también peleamos harto. Siempre fuiste alguien muy cuadrado, enojón y obviamente yo muy sensible piscis detrás de ti esperando que me miraras. Éramos diferentes, arruiné todo muchas veces y tú también, pero como todas las relaciones auténticas, supimos seguir y aprender en el camino a ser mejores. Me enseñaste a ser menos llorona y creer en mí. Supongo que yo te enseñé a soltarte un poco más y llorar de vez en cuando. Decir las cosas. Te saliste de fonoaudiología porque nunca te gustó y yo te dije: déjala, la vida es corta. Tenías miedo de decirle a tu papá y ese día no quisiste hablarme, ya que sentías que lo habías defraudado. Así fue como poco a poco fui conociendo esos dolores que estaban ocultos dentro de ti, porque está claro que yo nunca me guarde nada y siempre dije todo sin importar consecuencias.

Luego de que te saliste entraste a estudiar cine y te vi tan feliz que me sentía orgullosa. “Te amo” te dije, por siempre y vas a ser el mejor. Creía en ti más de lo que creía en mi y tú me dijiste, creo en ti y ni siquiera creo en mí. Violler, un pasaje cerca de Vicuña Mackenna fue nuestra casa y tu casa con tu familia fueron la mía. Resultaste tener talento para el cine y pasaste de ser un flojo a un alumno ilustre. Todo iba tan bien y cada día te amaba más. Vivamos juntos, casémonos, tengamos hijos, fumemos y así. Una vida no tan perfecta, con algunos altos y bajos, pero la mejor de todas cuando estabas cerca, al lado y tu olor. Nada más triste que darme cuenta de eso Güey: ya no me acuerdo de tu olor Güey. Y bueno, seguimos al 2015 tiempos gloriosos e inolvidables. Me voy de gira a México y eso que ya había estado tocando y viajando bastante. DJ LIZZ, aunque para ti siempre la pequeña Elisa, que no podía pasar su cumpleaños 23 en México sola. Me hiciste un video muy lindo que aún tengo y se lo mostré a la Ana Helder, Mamacita y creo que a la Uchi también. Me emocioné y lo pasé tan bien ese día. Había logrado tanto en tan poco tiempo como DJ y ya de gira en México. No podía creerlo. Lo mejor de todo es que a la vuelta ibas a estar ahí en tu escarabajo dorado esperándome, pero algo pasó. El día después de mi cumpleaños me dices que te duele el estomago y que tienes cálculos. Yo me asusté, ya que la que se enfermaba siempre era yo. Al regresar estabas mejor, pero con los días comenzaste a empeorar. Tras varios exámenes me empecé a desesperar y te pedí por favor que fuéramos a otro doctor y no quisiste. Era como si a nadie le importara y yo insistía una y otra vez. Hasta peleamos muy fuerte por eso, pero algo en mi me decía que no estabas bien. Era cáncer, fase 4 y al colon. Un lugar que supuestamente se inflama por estrés, cuando te guardas las cosas o cuando tienes 50 años y has comido mal toda tu vida. Tú tenías 26 solamente, muchos sueños y ahora solo 6 meses para cumplirlos. En tres días conseguí hora con tu doctor, el mejor de todos y me moví como nunca. Algo que siempre esperé que tus padres me agradecieran. Algo que probablemente olvidaron. Quimioterapia, fiestas para juntar dinero, conversaciones, medicina alternativa y nada sirvió, ni siquiera mi amor. Tu estomago estaba gigante y cada vez crecía más. No puedo borrar de mi mente cómo fuiste deteriorándote. ¿Recuerdas cuando ponía mi mejilla en tu estómago hinchado y te decía “mi amor te va curar”? No sirvió de nada y te digo, con el paso de los meses te empecé a odiar, porque no querías probar otras medicina y me veía sola luchando por nuestro amor que al parecer era solo mío. “Tú no eres la que se va morir Elisa, soy yo”. Es cierto, jamás podré concebir todo el dolor que sentiste. Pido que ojalá nunca tenga que vivir eso pero debes saber que una parte de mí murió contigo para siempre y llevo meses tratando de recuperarla. Mi confianza, independencia, empatía y sobre todo felicidad. Te entregaste al dolor y no era para menos, ya que te vi sufrir como a nadie. “Me voy a morir Elisa”.

Comenzaste a morir y entre varios encuentros conmigo misma decidí acompañarte hasta el final y no porque te amaba, sino porque te amaba demasiado, más que un hermano, novio, lo que sea. Te llegué amar como un ser humano en toda su magnitud y yo saqué de mi toda la energía posible para dártela a ti y que fueses feliz. El día de tu cumpleaños en enero no sé cómo pude hacerlo, ya que cada vez que iba al baño lloraba. Dijiste que había sido el mejor cumpleaños de tu vida y para mi fue el peor de todos. Quizás eso te faltaba, porque fue cosa de días para que te fueras. Al final pensaba que ojalá te murieras luego, porque estás sufriendo tanto que no podía ser tan egoísta y además yo tenía que hacer mi vida, pero el día que te fuiste cambié de opinión. Te vi en tu cama y estabas helado, tieso y me acerque a ver si seguías respirando y no. Lloré hacia dentro, porque no me salía el llanto y tu mamá estaba tan triste que no sabía qué decirle. Cuando llegó la ataúd sentí que jamás iba volver a ver tu cara, ya que la pediste cerrada para que te recordaran como el que habías sido siempre y no un enfermo. Llegaron los amigos, puse canciones, todas tus favoritas y me senté a esperar a ver si te aparecías. Quería decirte más cosas y no pude. No sé si dije todo y me frustra de sobremanera no saber si realmente entendías lo mucho que te amaba.

Después de que te fuiste seguí en lo mío, me volvieron a gustar otros chicos, unos en serio y de verdad, mientras otros no tanto. Seguí viajando, tocando, saqué mi EP con canciones que hice pensando en todo ese tiempo desde que te conocí hasta el día de tu muerte. La noche, mi pasado, el día de nuestro aniversario, yo y mi futura yo. Con el tiempo me di cuenta que no era para tanto, ya que todos nos vamos a morir de alguna u otra forma y lo superé, pero sigo soñando y me sigue doliendo donde a ti te dolía, el estómago, el cuello y el brazo. Mi terapeuta me dijo que somaticé todo lo que te pasó porque te di todo. Te entregue hasta lo último que me quedaba y ahora tenía que volver a reconstruirme sin salir de fiesta, drogas, alcohol o alguien con quien estar sólo porque sí. Es momento de seguir y aprender que su amor nunca va morir, me dijo. Pero le dije que ese no es el problema. El tema es que me da miedo morir y sueño todos los días con eso. Estás traumada, me dice y es normal a esta edad tan temprana tu primera experiencia con la muerte… Vas a salir de esta.

Güey, cada día siento que menos salgo de esta y no eres tú; siempre fui yo. En ti vi a ese apoyo que jamás tuve y al perderte me di cuenta que nunca fue mío. Hoy puedo decir que fuimos felices, que jamás te olvidaré y que sigo con mi vida como siempre en todo sentido, pero es en mi subconsciente donde algo queda. Quizás esa cosa dentro tuyo logró meterse en mí o yo la metí y hoy quiero sacarla. No deseo otra cosa que tener paz y quiero que se vaya. No eres tú como te dije, soy yo odiando a esa cosa, ese tumor, esa situación, a mi misma y a ti. Si pudiese verte una vez más sé que estaría mejor, pero eso no va poder ser. Sólo te pido que si me muero de tanto soñar que muero no me dejes sola, porque tengo miedo. Y mientras más lo pienso, más me olvido de vivir, ya que al final cuando despierto del terror nocturno resucito para volver a morir nuevamente.

The world is not ending, it’s me dying everyday

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