Escrito por JO / Ilustración por Catalina Bodoque

Siempre supe que eras el mejor. Cuando me mirabas, tus ojos me transmitían seguridad. Cuando sonreías, tus margaritas hacían brillar tu cara. Cuando me abrazabas, dejaba caer sobre tu cintura el nerviosismo que sentía al tocarte, al mirarte, al amarte.

Nunca pensé que se podría querer tanto. El por qué de nuestro amor, solo tu y yo lo sabemos. El por qué de tu ausencia, fue dispersado por todo el aire que respirábamos juntos.

Te quise, me quisiste.

Jamás permití que no supieras cuánto bien me hacías, cuánto te quería. No hay día que no piense en tu distancia, en nuestros amaneceres, en tu espiritualidad y magia que me enseñaste. Transmitiste el amor más puro que haya sentido y que probablemente sentiré. Vivimos todo lo que debíamos vivir. Juntos, separados, distanciados, enamorados.

Nos hicimos mal, nos hicimos bien, nos hicimos sentir lo peor, nos hicimos sentir. Me consolaste en tu pecho, acariciaste mi cara, secaste mis lágrimas y te esfumaste como el aliento.

Hoy te recuerdo como la noche, como la exhalación en los días fríos, como la ausencia. Podría contar mil experiencias, pero prefiero no contar nada. Prefiero esperar el momento de mi partida, de mi huida de este delirio, donde me encontraré otra vez con tu sombra, con tu olor y con tus relámpagos de amor.

Ahora eres polvo de estrellas, eres la partida más áspera, la más insospechada, la más dura. Siento tu mirada en las noches oscuras, siento tu respiración y tu calma. Siento tu falta.

Solo te pido que me esperes. Yo estaré ocultando tu recuerdo, ocultando nuestra falta, ocultando nuestra desunión, porque aunque no lo hayas querido, duele. Aunque hayas esperado que esté feliz por tu unión con el universo, es insostenible. Aunque hayas querido que no derrame ni una lagrima, no lo soporto. No soporto que no estés, no soporto que me dejes, no soporto no verte hasta que nuestras ausencias se unan. Se que pensarías que es una actitud egoísta, pero así lo siento.

Sé que no estarías agradecido con mi actitud, pero también sé que me dejabas fluir y sincerarme, por lo que lo hago y te digo: cuídame desde allá, porque pronto nos encontraremos y reconciliaremos nuestros corazones en la infinitud.

Te quise, me quisiste, nos quisimos. Con todos nuestros defectos y perfecciones. Con todas nuestras alteraciones y disociaciones. Pero, si algo me dejaste grabado es el poder de la esperanza. No te dejaré de pensar y si lo hago, por favor ven a irradiar tu presencia, ven a abrazarme en las noches, a consolar mi llanto. Hazme un nido en la eternidad y enséñame a desplegar mis alas, así como lo hiciste tú, en esa noche de soledad que acurrucó tu sopor hasta tu último suspiro.

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