Escrito por Andi Díaz / Ilustración por Charlotte Perrin

Cuando hablo de amor en persona tiendo a ser un poco liberal. Más de una vez he mencionado que me gustaría tener una relación abierta, sin compromisos, sin ataduras ni nada que pueda interrumpir mi calma interior. Pero la verdad es que no es tan así. Personalmente mi subconsciente (porque no quiero culpar al destino de esto) busca amor, cariño, afecto en una relación, más que sólo sexo y diversión. Aunque eso no quiere decir que sea fome. Todo lo contrario, el hecho de amar, enamorarse, coquetear con alguien que te gusta lo hace divertido.

Como las equivocaciones han sido dueñas de los últimos años de mi vida, he hecho todo “mal” y he estado buscando ese “amor” en “relaciones yogurt”. Al decir relaciones yogurt hago referencia a todas esas andanzas no formalizadas (los chiquillos no decían las palabras mágicas: quieres pololear conmigo) que no duran más de 3 meses. No es porque yo no sea dulce, simpática, buena mina, fiel, no no no, yo soy todas esas cosas y más. Pero los minos que se han cruzado por mi camino se asustan con mi personalidad. Bueno, eso es lo que quiero creer.

Por ejemplo, cuando conocí a P.I pensé que las cosas serían como yo soñaba. La típica historia de amor de la que todas nos enamoramos cuando vemos alguna película rosa. Pero, no fue así. P.I tenía 23 años (3 años mayor que yo) y era ingeniero comercial. Nos conocimos por Tinder y logramos encontrar muchas coincidencias en nuestras cortas vidas. Así fue como se dieron las cosas hasta que un día decidimos juntarnos para conocernos en persona. Fuimos a tomar algo a un bar por Tobalaba. Ahí nos encontramos, la conversación iba muy amena y el chiquillo tenía lo suyo.

Cuando se hizo tarde nos echaron del pub y nos fuimos a conversar a una plaza cerca de ahí. Luego de muchas señales corporales, me tomó por la cintura y nos besamos. A los dos segundos la lluvia empezó a caer por nuestras caras y decidimos ir a su casa. Dormimos juntos, sin que pasara nada, pues yo era virgen. Al día siguiente, cuando ya estaba comenzando a amanecer, me fue a dejar a mi casa. Seguimos al habla y quedamos en juntarnos de nuevo.

Las cosas se fueron dando muy bien, aunque quizás un poco rápido para mi exigua experiencia en relaciones amorosas. Sin embargo, como dice Katy Perry: “It’s not like the movies”. Nada podía ser perfecto si de amor se trata. P.I era un poco raro, a veces se ponía medio inseguro y se enojada por estupideces. Aunque a mí no me importaba, pues yo estaba enamorada y todo era perfecto desde mi perspectiva. Salíamos de vez en cuando, me mandaba audios de “te quiero” y me brindaba su protección.

Sentía que estaba viviendo mi cuento de hadas. Pero, un día todo se acabó. De una absurda pelea me pateó y sólo tuvo una razón para hacerlo, me dijo que era muy buena para él. Sentí como mi corazón se rompía en mil pedazos, como la idea del cuento de hadas se destruía lentamente. Al día siguiente, intentó hacerse el desentendido y quería que yo tomara la decisión de seguir o no con la relación. Pero, por más que yo quisiera estar con él, se notaba que él no quería estar conmigo. Por algo me había pateado. Entonces, no me quedó otra que hacer de tripas corazón y cortar con nuestro efímero amor. Le devolví un polerón que tenía de él y dentro de un bolsillo le metí un papelito que decía: “Perdona, pero era justo y necesario. Te quiero infinito”. Nunca más lo volví a ver.

A la semana siguiente, entre llantos y sentimientos de nostalgia se me ocurrió psicopatear su Instagram. Fue cuando me lleve una desagradable sorpresa, el chiquillo ya me había buscado una reemplazante y me lo hacía saber. Ahora estaba en una relación con una mina rubia, cocinera y de familia conocida. Me dolió en el alma saber que probablemente esta chiquilla estaba antes que yo y que las ideas de “volver”, como él me había prometido, se iban desvaneciendo cada vez más. Pasaron días, semanas, meses y el dolor se fue atenuado.

Los sentimientos se diluían y cada vez dolía menos pasar por aquello lugares donde alguna vez habíamos estado expresando nuestro amor. Me costó asumirlo, pero lo logre. No más P.I para mí.

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