Escrito por Anónimo n3 / Ilustración por Hola Nico González

Tengo 22 y sólo he estado enamorado dos veces. El resto del tiempo ha sido una suerte de obsesión pasajera que se desenvuelve en una serie de entramados y coincidencias que me hacen creer que mi corazón no puede más. Siempre me pasa. Siempre me engaño. Pero por lo general el encantamiento dura un par de días, dos, tres, cuatro como máximo. La última vez que estuve enamorado fue hace tres años. Y la vez anterior a esa fue hace cuatro. Pero ya he hablado de eso y no vale la pena repetir la historia.

Supongo que cada vez que terminamos con alguien lo que hacemos después es buscar a esa persona en pequeños pedazos que se encuentran dentro de los demás. Cada vez que encontramos algo de ellos en el otro, nuestro corazón salta con emoción y un calor reconfortante se expande por nuestro cuerpo ante la creencia de que hemos vuelto a encontrar a esa persona especial. Es como si se tratara de un alma, un espíritu o una esencia, que viaja de cuerpo en cuerpo, de mente en mente, jugando contigo, manipulándote, haciéndote creer que por fin te estás acercando a ella. Pero apenas logras visualizarla se va, se escapa, y mientras corre voltea para burlarse de ti. Pero eso es una ayuda. Porque de vuelta en vuelta aprendes a conocerte. A ver dentro de ti. A mirar en el espejo y ser capaz de abrir todas esas bóvedas de las que ni siquiera tú eras consciente. Aprendes a amar lo que es tuyo, lo que te hace especial. Porque puta, aunque sea súper cliché, hay que amarse a uno primero. Y no en el sentido “soy tan cools y guapo”, sino que en el sentido “este soy yo, mi mejor arma contra el mundo está aquí”. Y cuando descubres eso, ni siquiera necesitas un arma, porque aprendes a fluir con las vueltas cósmicas del infinito de las que tanto profesa Pedro Engel. Aprendes a ser una hoja en el viento, flotando como una respuesta, como dice Bob Dylan -guardando las distancias con su magnífico grito de protesta.

Como decía John Lennon, ¿por qué tenemos que cargar a otro la responsabilidad de ser nuestra media naranja? Deberíamos ser una naranja entera, sin la necesidad de encontrar a alguien más que nos ayude a entendernos. Siempre es bonito tener a alguien a tu lado, pero es mucho mejor tenerte a ti siempre.

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