Escrito por RAE / Créditos por imagen

Ya ha pasado casi un año de todo eso. Un año desde que las movilizaciones universitarias empezaron para mí. Un año desde que comenzó la historia de amor más linda que podré contar. Mejor que todos los cuentos, musicales, películas o series que adoré todo mi vida.

No ha sido fácil, nunca lo es. Han habido días muy negros y otros completamente magníficos, pero creo que he aprendido a recordar con cariño cada uno de ellos. Lo importante para mí es sufrir y amar con la misma intensidad, jamás volver a reprimirme, sentir desenfrenadamente.

He aprendido muchísimas cosas y otro montón me las ha enseñado él. Ahora puedo decir que por fin estoy tomando las riendas de mi vida, que hago y haré las cosas que me plazcan y me importa un pico lo que piense el resto. Poco a poco me enseñó cómo deshacerme de los estereotipos católicos y machistas con lo que crecí. Me mostró que ni mi regla ni mis pelitos son asquerosos como decía mamá. Que no tengo que maquillarme o peinarme para verme bonita, sino que cuando lo haga sea para complacerme y no por seguir falsos modelos de belleza. En parte, siento que me he convertido en la mujer que quería ser, muchísimo menos insegura, impulsivamente directa, que tiene claro lo que quiere y que desde la misma forma en la que puede ver lo bonito en el resto, ahora también puede encontrar esas cosas en ella.

Me enseñó a hacer el amor, hace que todo sea mucho más que acabar y que me cosquillee el cuerpo, me hace sentir plena, completa, feliz. Llenita de amor. También he aprendido a convivir con nuestras diferencias. Él con su desorden, yo obsesiva compulsiva. Él muy hater, yo muy Disney. Él parece más un libra, yo completamente aries.

He crecido junto a él, lentamente aprendo a sanar mis heridas y trato de ayudarlo como puedo para que él haga lo mismo. Me encantaría verlo tranquilo y feliz, que por fin se deshaga de todas esas cargas que le impiden seguir avanzando y no lo dejan ver la gran persona en que se ha convertido. Es mucho más que mi novio o mi pareja, es mi compañero de aventuras, mi confidente, mi amigo. Me atrevería a decir que se ha convertido en mi mejor amigo. Me siento libre, no en el sentido de haber escapado del capitalismo y el sistema, sino emocionalmente libre. Ya no tengo trabas para amar y mostrarme completamente desnuda ante un otro. Soy capaz de mostrarme tal cual soy, con mi amor al glitter y a la pizza, con los gustos extraños y medios rosados.

He vuelto a sentir y a mostrarme como la niña que era antes que mi hermano muriera. Sé que no volveré a cerrarme otra vez. Tengo tanto amor para entregar que aunque las cosas fracasaran sé que, o por terca o por perseverante, tendré las fuerza para salir adelante y volver a dar lo mejor de mí. Sé que soy capaz de hacer proyectos y seguir mi camino sola, pero decido hacerlo acompañada. Quiero compartir y construir una vida a su lado. Me enamoré con cada partícula subatómica de mi cuerpo, con todo mi ser. A él lo amo porque quiero amarlo, porque me nace desde lo más profundo, no porque me de miedo estar sola. Él es maravilloso y yo soy bacán.

Me enseñó a amarme y valorarme y ese es el regalo más lindo que alguien haya podido darme.

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