Escrito por B. / Ilustración por cata N0

Te veo y me dan ganas de llorar. Se me aprieta el pecho, la garganta. Me dan ganas de mirarte mucho rato pero no puedo, porque me duele. Me duele algo adentro, siento como se va poniendo helado, azul. Me pongo a pensar muy seriamente en cómo fue que llegué a este punto. Un absurdo, claro está, porque difícil se me ha hecho siempre entender por qué siento como siento. Y a ti te siento, tanto todavía.

Siento tu mirada sobre mi, tus ojos atentos desde el escenario mientras tocabas la guitarra; siento tu sonrisa mientras me dabas un beso. Siento tus manos tibiecitas tratando de calentar las mías que siempre están tan heladas. Ahora están heladas y no se calientan con nada. Me acuerdo de tu abrazo, de tu beso en mi frente. De tus cejas que se despeinaban cuando te daba besos por toda la cara. Me acuerdo de tu voz. Por la chucha, tu voz. Tu voz diciéndome lo mucho que te gustaba, lo mucho que te gustaba por ser como soy.

Aún trato de entender de algún modo cómo fue que te dejé de gustar. Cómo fue que te diste cuenta que no querías estar conmigo. En qué minuto. ¿En ese minuto? Seguro que en ese, o quizás en ese otro. Trato de entender cómo tan pocos días se me hacen eternos ahora en detalles. Detalles pequeños. Detalles pequeños que no me dejan dormir, que no me dejan comer, que no me dejan dejar de acordarme de ti. Trabajo y miro por la ventana y podría jurar que veo tu auto y a ti dentro esperándome para ir a ver una película. Para ir a darnos besos, para ir a tirar después, en el auto, en algún callejón solitario mientras nos reímos porque se empañan los vidrios y nos damos más besos y nos tocamos y siento tanta confianza y pienso, hueón, por fin siento algo de nuevo después de tanto tiempo. Y me río y me dejo caer en ti. Y te dejo caer en mí. Y me sigo riendo y sintiéndote mientras suena the xx allá al fondo.

Y despierto un día y ya no está tu buenos días. Ya no están tus besos ni tu ojitos chiquititos mirándome con esas ganas vivas de querer estar conmigo. Ya no está nada y se me revuelve la guata, y se me aprieta la garganta y me dan ganas de llorar. Me dan ganas de llorar cuando despierto, cuando camino a la micro, cuando llego al trabajo, cuando miro por la ventana. Me dan ganas de llorar cuando escucho música y me acuerdo de ti. Si, sobre todo cuando me acuerdo de ti, ahí es cuando más ganas me dan de llorar. Me dan ganas de llorar ahora, mientras escribo esto y tengo ganas de escribirte y decirte que no, que un mes no me será suficiente y no me vas a dejar de gustar y no voy a poder ser tu amiga. No voy a poder ser tu amiga en no sé cuánto tiempo porque me dueles demasiado.

Esto no se va a pasar en un mes. Porque te creí, creí en lo que sentías y creí en mi, creí en lo que yo sentía y me equivoqué. Equivocarse en el sentir y arrepentirse de sentir. Que mal sentimiento ese. No quiero arrepentirme pero cómo lidio entonces con este dolor que siento adentro, bien adentro, al medio, entre pulmones y corazón, y guata y garganta. Ahí estás, en el centro de mi cuerpo. Me metí a youtube y vi un video de tu banda. Te veo hablar y tocar tu guitarra. Te veo y me dan ganas de mirarte tanto rato más pero no puedo, te juro que no puedo porque me duele. Y no hay instagram eliminados, ni facebooks abandonados, ni opciones para dejar de seguir ni ninguna otra alternativa tecnológica que pueda pelear con el hecho de que estas ahí siempre y no quiero verte porque me pongo a llorar. Te veo y me dan ganas de llorar. Se me aprieta el pecho, la garganta. Se me aprieta el corazón, tu recuerdo.

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