Escrito por Jenny Von Westphalen / Ilustración por Dieresis

Te miro, me miras y sé que en mis ojos ves que ya no es lo mismo. Lo veo en ti también. Atrás quedaron esos días de desenfreno en los que rompíamos la discoteca y visitábamos todos y cada uno de los locales de República sólo por el placer de carretear en muchas partes.

Cuando me tocas ya no siento lo mismo y me acusas de poco cariñosa, yo te acuso de machista por no respetar mis espacios y mis negativas. Te miro y sigo viendo al cabro chico del que me enamoré en un local del Bella pero no, no eres el mismo. Te invito a una pilsen en esos sucuchos oscuros que frecuentábamos pero te parece muy rancio, vámonos luego de acá. A mí también me parecen lugares de mierda pero hubiese ido contigo donde fuese que me hubieses invitado.

Me dices que no tome tanto, que el olor a cerveza te da asco. Te digo que una lata más no hará la diferencia. Me dices que me amas mientras te ríes de mi ringtone de Die Antwoord, qué chucha es esa huea. Te digo que soy feliz pero pareces no escucharme. Me dices que me amas y que quieres tener hijos conmigo. Yo no quiero tener hijos. Me dices que algún día querré. Sabes cuánto odio eso.

Murió la flor, diría Selena Quintanilla. Parece que tiene razón.

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