Escrito por Ale S.

Lo vi por primera vez cuando teníamos 13 añitos, pero yo lo vi y me quise morir, era el hueón más lindo que había visto. No sabía nada de él, pero íbamos a ser compañeros de curso por los próximos 4 años y eso me hacía feliz. Pero después, con la adolescencia y hueás de adolescente, me volví insegura. Yo sabía que habían niñas que andaban detrás de él, niñas bonitas po, y más patúas que yo, porque él igual es un niño “lindo” cachai? Pero él nunca tuvo nada con nadie y yo tampoco, si éramos entero’ pavos los dos.

Así pasaron cuatro años. Jamás fui capaz de interactuar con él más allá del “oye tienes un plumón?” o cosas de curso. Recuerdo nuestra gala, y pucha estaba más precioso aún porque tenía su traje y creo que se me anduvo curando el niño, estaba risueño. Mi cabro es terrible de tímido, así enfermo de tímido, pero en ese momento me causó ternura verlo así de feliz. Ese día me despedí y lo abracé, lo obligué a abrazarme, porque en la situación pasaba piola, se supone que de ahí ya no nos veíamos más, y bueno también abracé al grupo de hueones de mi curso pero obviamente no me importaban ellos.

Pasó el tiempo, nos fuimos a la universidad, y como la vida me ama, quedamos en la misma u, pero estudiamos hueas distintas. Nos empezamos a ver constantemente en los campus, y ahora tenía una excusa para hablar con él, porque si no me devolvía el saludo, él quedaba de roto. Y ahí lo obligué a saludarme, también. Un día lo encontré solo y le hablé. No me pescó ni cagando porque estaba haciendo otras weas, y con suerte me saludó de beso, pero cuando yo le hablaba no me miraba a los ojos. No sé si es porque es enfermo de tímido, porque estaba ocupado o porque en verdad no está ni ahí.

Ahora cuando voy a la u, sé que existe la probabilidad de verlo. Cuando pienso que lo voy a ver, y voy bonita y con mis mejores pantalones, y no lo veo, se me destruye el mundo y me da la cagá, ¿qué te creís, tonto weón? ¿cómo no aparecís cuando te espero? Me siento tan bien cuando me saluda, y quisiera congelarlo ahí en ese momento, cuando él me ve, y sabe quién soy, y me recuerda. Ahí, cuando nos conocemos. Tristemente, ese momento no dura más de dos segundos y ambos tenemos cosas que hacer, hueas que estudiar y seguimos nuestro camino. Cuando íbamos en el mismo curso y lo veía todos los días, no era tan así, o sea obvio que me encantaba verlo, pero ahora que con cuea lo veo, me siento más feliz que la cresta y quiero quedarme ahí con él. Sólo estando ahí, solo conociéndolo como el ex-compañero. Da lo mismo.

Me siento feliz, y después me da pena saber que se me fue y que de nuevo tengo que esperar días o semanas pa’ verlo de nuevo. Me voy pa la casa toa’ triste a escuchar la canción de Pablo Alborán que salía en “La chúcara”. Me da rabia a veces, ¿por qué tenía que ser él? como no aparece un weon nuevo así como pa’ olvidarlo. Me da pena igual, porque si yo tuviera un poco más de seguridad, voy cara de raja y donde lo pille me siento a su lado, falto a clases y nos quedamos conversando sobre nuestros compañeros o de cualquier cagá que se me ocurra. Pero al mismo tiempo, sé que si me rechaza, sería la peor huea que podría pasarme, dejaría de ser mi platónico po’.

Pude obligarlo a abrazarme, a saludarme de beso, a decirme “¿cómo estai?” pero no puedo obligarlo a que se interese en mí. Sigo esperando, han pasao’ unos cuantos años, yo me he vuelto un poco más segura. Estamos cambiados. Sí, tiene el pelo más largo, a veces se deja un bigote horrible que igual me gusta un poco, ya no es el niñito que vi a los 13 años en la sala, pero me gusta pensar que seguimos siendo igual de pavos. A ratos pienso “pucha la vida me lo trajo de nuevo por algo” y me gusta creer que nada pasa por casualidad.

En volá un día dejo de ser tan pava, y me levanto valiente. En volá voy y lo intento. En volá se me cae el mundo, no sé. Sólo sé que él sigue precioso, y todavía me quiero morir cuando lo veo, y cuando no lo veo, también.

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