Un #soundtrackamoroso para celebrar, llorar, bailar y sentir los corazones sensibles que tenemos en nuestro interior. Más de tres horas para sentir una gran cantidad de emociones y un texto para compartir mi viaje de auto-aceptación.

Escrito por Camila González Simon / Ilustración por Catalina Bodoque

Ser un corazón sensible no es fácil. Es un trabajo duro porque estos tiempos vertiginosos en los que nos tocó vivir se encargan de dejar muy poco tiempo y lugar para las emociones. Sentir y pensar sentimientos no es productivo ni funcional para el sistema.

Una vez una amiga me dijo que Archivo Amoroso era algo así como un rescate para todos los corazones sensibles allá afuera. Imaginen un corazón con patas, bajo la lluvia, contra viento y marea en un mundo muy gris y tormentoso. Así nos sentimos a veces y creemos que estamos solos en esto, pero yo opino todo lo contrario.

Cuando decidimos abrir nuestros corazones al mundo, otros corazones se abren también. Desde realizar una buena acción como saludar a una persona que crees que te odia (pero probablemente piensa que tu lo odias también y por eso no te saluda) hasta escribir tu historia de amor y compartirla en internet.

Suena como una película cursi o un libro de autoayuda (si odias lo que estoy diciendo hasta ahora quizás tienes un corazón sensible pero no lo quieres aceptar). La sociedad nos enseña que las emociones son malas; que las mujeres son más emocionales y, por eso, más débiles; que debemos siempre sentirnos bien, o sino estamos deprimidos y estar deprimido es estar loco.

Ella era chica y estaba jugando con otra niña, hasta que se puso a llorar sin parar. Su mamá vino y le preguntó qué sucedía. Ella dijo que estaba jugando a imaginar globos pero que la otra niña había podido imaginar más. “¿Y por qué no los imaginas tú?” le preguntó la mamá. “Ese no es el punto. Tengo emociones más fuertes que el resto” dijo ella. Siempre cuento la misma historia. La leí en una entrevista a Greta Gerwig (mi ídola, amor eterno y rol a seguir), donde ella contaba que era un corazón sensible. Pero no siempre lo aceptó. Durante su juventud trató de ser más fría y tener menos sentimientos, hasta que se dio cuenta que ella no era así.

Algo así me pasó y fue un corazón roto el que me impulsó a aceptarme a mí misma. Traté de ocultar mis emociones hasta que tuve 21 años. Sufrí mucho por mi primer amor porque yo no decía lo que quería y lo que me molestaba. Todas mis emociones, buenas o malas, se fueron acumulando en mi interior. Es como meter mucha ropa en el clóset hasta que un día las puertas se abren y todo lo que estaba metido a presión explota en tu cara.

Comencé a ir al psicólogo y a entender que todo no era blanco y negro. Las emociones te hacen sentir vulnerable pero cuando las externalizamos, nos sentimos mejor. Creo que por eso me gusta la astrología. Parece una explicación “lógica” a la emocionalidad que tengo. Soy piscis (siempre lo digo) y, por ende, soy dos peces que nadan en direcciones contrarias en un mar profundo y oscuro o en un río claro de emociones.

Desde chica que sueño con agua. Que me ahogo, que viene una ola gigante, que me caigo en una posa, que se sale el agua del baño, que se rompe la cañería, que viene e inunda todo. El agua son las emociones, que puede ser un lago donde nadar o una ola gigante que te da vuelta y te llena de arena. Depende de ti. Depende de si escuchas y te permites sentir esas emociones. Es difícil. Sigo yendo al psicólogo desde hace dos años para hablar de esas emociones que no siempre quiero aceptar. A veces uno necesita amigos, familia, profesores, pololos o pololas, una mascota, un libro, una película, un viaje o lo que sea necesario para aceptar y vivir las emociones que uno tiene en su interior. A veces irrumpen en el momento menos esperado y de la manera que uno no quiere o espera.

Cada cierto tiempo leo una nota que escribí en mi celular: “Cuando soy honesta y sincera, me siento mejor”. Cuando uno acepta quien es, el paquete completo, con emociones, sensible, amoroso, odioso, con llanto, con pena, con felicidad, con todo y lo entrega al mundo, se siente mejor. De un momento a otro estamos flotando en un río en pleno verano con el sol tibio sobre nuestra piel. Sin susto, sin lástima, sin arrepentimientos y con una sonrisa en la cara. Aquí el soundtrack perfecto para cada uno de esos momentos ❤️

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