Escrito por MS / Crédito por imagen

Gritando tal Javier Fernández (Que Pena tu Vida) post bellavista y un par de karaokes de Morrisey: “Me cagaste la vida conchetumare, te odio”. Porque sí fui una puta culiá, nos quité lo único seguro, nuestro amor. Kilómetros de distancia, años de diferencia y somos mujeres ambas dos.

Así, contra todo nos enamoramos por messenger, llamadas curadas y un futuro lleno de vinilos por delante que yo, lo boté. Juro que intenté pensar en las dos cuando tomé la decisión, pero sé que la balanza estaba cargada a mi lado; el objetivo era saber que había más allá de ti, de nosotras. Resultó que no había mucho, no estaban tus ojos, no estaban tus besos, no estaban tus conversaciones de libros, ni tus canciones indies; no estabas tú.

No sólo te partí el corazón, también deje que llorarás más de lo que un signo de agua puede llorar. Pero, yo también lloré. La única diferencia entre nuestro sufrimiento es que a ti te consolaron y yo, sólo tuve que conformarme con el playlist que dejaste. Nuestros amigos están contigo, tu familia te dio la mano y conociste un nuevo amor. Yo, me quedé con el secreto de nuestro amor, sólo tenía 16 años ¿qué haría mi familia si se enterarán que tenía una relación contigo, una mujer? Nadie estaba para decirme si lo hice mal o lo hice bien, me quedé conmigo misma.

Hace un par de días me enteré que estabas pololeando y sentí que me volvía a derrumbar. Te hablé, me invitaste un pito y terminamos comiendo-nos. Ahora yo soy tu secreto y la verdad es que no quiero serlo. Todo los días pienso en lo terrible que estamos haciendo. Si amas a tu nueva polola por favor déjame. Déjame, déjame, déjame. Te amo tanto, te amo hace 4 años, te amo hace más de 1300 kilómetros de distancia. Te amo pero déjame.

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