Escrito por A.

Me gusta ella. No le gusto.

No me importa, le hablo, le hablo y finalmente; me habla.

Me siento importante, sé que en el fondo, todos somos importantes en este mundo, pero no es ese tipo de importancia, me siento importante porque me notó, se dio cuenta de mi existencia, de mi ser, de que soy alguien; y no un alguien cualquiera, un alguien que podría convertirse en una conocida, una amiga, un amor.

Mi corazón salta y quiero llorar de felicidad, pero no lloro.

Hablamos, me pide mi número, mi corazón sigue saltando y se lo doy, conversamos. Conversamos y la invito a salir.

Salimos, esmero en llegar a la hora, salgo de mi casa y espero.

Por esta calle no pasan micros así que me voy en colectivo. El señor del colectivo me dijo que se iba a demorar, preguntó si andaba apurada, lo estaba y mucho. Contesté que sí con paciencia, dije que lo podíamos lograr.

Los minutos pasan y dice que iremos por otro camino porque no quiere que llegue tarde. Llego, me apuro y espero, la espero.

La veo, estaba con su amiga. Yo pensaba que las salidas eran de a dos.

Nos juntamos para que me preste un libro, me importa más ella que el libro. Me lo pasa, sonríe, sonrío, sonreímos.

Lo recuerdo como un momento infinito, eterno, que no tenía un término, no existía el final. Vamos y no sé si estoy estorbando o si debería formar parte del grupo.

Soy la más chica, no se nota, creo. Mentira, si se nota, pero no me importa, porque me gusta ella y me gusta mucho.

La observo, habla bajito, es bonita. La miro, me mira y ya no tengo ganas de llorar. Me despido, doy las gracias y ella se ríe. Llego a mi casa, leo su libro y escribo.

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