Escrito por Anónimo

Siempre fui de las típicas niñas que veían todas las teleseries. Las brasileñas que daban en el 13, las de la Claudia di Girolamo en el 7 y, hasta ahora último, las de la Paola Volpato con el mino del Rudolphy en el 9.

Amé “16” y siempre quise un pololo tan mino como el Nacho, y yo ser tan popular como la Maida jaja, en fin.. lo que quería era un pololo, un amigo, un partner, un loco que estuviera conmigo en las buenas y en las malas, que lo pasaramos tan bien yendo a tomar once al barrio lastarria o comiéndonos una sopaipilla en el bandejón de alameda.

Y pasó po, llegué a tener algo similar a eso, era súper culto, demasiado inteligente, me daba mucha atención, más de la que yo algún día soñé, estaba conmigo siempre, si tenía pruebas al otro día prefería estar conmigo todo el día y pasarse toda la noche estudiando; si tenía panorama familiar, panorama de amigos, cumpleaños hasta de la amiga de la prima en tercer grado del tío (es exageración), el igual me invitaba, con tal de que estuviéramos siempre juntos.

Así fue el principio, mejor que el Álvaro Rudolphy en “Pituca sin lucas”, pero después todo cambió. Si al final todo cambia… Terminamos y él estuvo con otra tipa, la mina todo lo opuesto a mí, le gustaban los gatos, era rubia (teñida, dijo la pica) y de ojos claros… pero ¿saben qué? Igual no era mejor que yo. A los dos meses la dejó porque no me podía olvidar. Igual no sé si eso fue peor o mejor porque le di otra oportunidad.

Para hacerles corta la historia: estuvimos así dos años y medio, y el final me lo tomé tan intenso como el de una teleserie. No podía escuchar las canciones que me había dedicado, evitaba pasar por bellas artes, lo bloquee de todas partes, y así, estuve como una semana. Viviendo mi vida, mi término.

Ha pasado poco más de cuatro meses desde que terminamos, y ahora la vida es igual o mejor. Y, es a este punto donde quiero llegar. A veces uno idealiza tanto una relación o una persona (y es culpa de las teleseries ). Uno piensa que poco más no va a poder vivir sin esa pareja, y llega un momento donde uno siente que, aunque no sea lo que uno espera o sueña, tiene que aceptar que te amen de esa forma, aceptar que las cosas cambien, que ya no te den la misma atención, que te oculten el celular, que no te quieran exponer en las redes sociales, que no te quieran presentar a los amigos.

¿Es justo aceptar tantas cosas que no nos gustan porque es eso lo que nos puede entregar la persona que “amamos”? Ojo ahí en perder el amor propio y quedarse solo con el “amor” que te entregan. La verdadera felicidad está en uno mismo, y en lo que uno mismo puede conseguir. La verdadera felicidad está en vivir algo real, hacer mi propia vida y mi propia relación; no en imaginarse un amor como el que te muestran las películas, las series o las novelas nacionales.

¿Saben qué? Siempre me gusto un mino de mi U, eramos amigos, bien amigos y así supe que nunca ha estado con alguien, nunca ha caminado de la mano con alguien, sólo tenía experiencias de carrete, porque nunca le había importado algo serio. Nunca ha llevado a alguien a la casa, y tiene 23 (no, no es gay). El otro día me invitó al cine y me dijo que era primera vez que iba con una mujer.

En ningún momento me tomó la mano o algo, de hecho jamás pensé que la química pudiera ser mutua, pa mi era como un platónico, y es que yo pensaba: “si no se había fijado nunca en nadie ¿por qué ahora se iba a fijar en mí?”. Cuento corto, hace una semana me pidió pololeo, me dijo que también siempre le había gustado, pero como estaba pololeando no había hecho nada (porque es súper respetuoso y “enchapado a la antigua”). Me la jugué y le dije que sí, me atreví a decirle que sí, aunque se me pasó por la cabeza decirle que no  porque igual yo sentía que era poco tiempo de haber terminado con mi ex; pero no me arrepiento de haber aceptado, porque siento que estoy avanzando, ya no estoy estancada aceptando algo que no me hacía feliz pensando que eso era lo “mejor que podía recibir” porque venía de quien yo “amaba”.

Ahora estoy avanzando, por mi misma. Escribo esto para alguna niña, linda, que vale, que tiene el corazón no 100% feliz, que se levanta en las mañanas sintiendo que quiere algo más, que se duerme en las noches sabiendo que merece algo mejor; para que vean que es súper posible decir: “si, te superé”. En el momento en que entiendas que solo te necesitas a ti misma para lograr todo lo que quieras, te levantaras feliz, te dormirás sabiendo que quizá al otro día llegara esa persona real, ese que te hará irte a dormir cada noche con una sonrisa. Es posible lograr lo imposible, solo depende de ti misma, de que te propongas muchas cosas, por ti y para ti. Por mi parte, siempre quise ser la Helga que logra conquistar a su Arnold.

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