Escrito por Profe / Ilustración por Hola Nico González

Demás que todos han dicho: “Estoy bien solo, no necesito a nadie para ser feliz.” Falso. Muy muy falso. Tan falso que al momento de conocer a alguien todas esas murallas que uno construye, esas murallas internas que representan tu ingenuidad romántica y solitaria, caen. Me pasó, hablo desde mi experiencia.

Había terminado una relación algo mala (algo mutuo, no fui el mejor pololo, como ella no fue la mejor polola). Me dolió caleta, sufrí harto y me sentí como el pico por al menos 2 meses, hasta que decidí que ya era tiempo de dejar atrás esa miseria post-rompimiento en la que me había sumergido. Con dejar atrás no me refiero a conocer más gente pa’ sacarme a la ex del cora. Me refiero a dejar atrás la miseria amorosa que implica el cuestionamiento del quechuchahiceaúnteamovuelveporfavor.

Con ayuda de mis amigos cercanos y mi familia me di cuenta del error que significaba estar sumergido en su recuerdo y, puta, seguí adelante. Unos meses tras ese momento de determinación había llegado al punto de sentirme bien de nuevo, aprendí a re-conocer la soledad de la que me hice ajeno por estar emparejado. No estuve con nadie más, con suerte me había comido a alguien en la fiesta de algún amigo.

Cuando llegó la época de volver a la universidad conocí a una mujer que nunca en la vida había visto. El inicio del fin. La vi y empezamos a hablar, yo voy un par de años adelante de ella. En un principio comenzamos a hablar porque estaba media complicada y necesitaba ayuda en algunos ramos y de un momento a otro yo me empecé a enganchar. No sé, nos hicimos amigos muy rápido y aunque al principio hablábamos de banalidades, tras eso empezamos a hablar de que queríamos de nuestras vidas y lo que nos llevó al punto en el que estábamos.

Me empecé a apegar a ella y aunque en un principio yo era el insistente/pegote/baboso, no pasó mucho hasta que ella empezó a corresponder mi insistencia. Mencioné previamente que conocerla fue el principio del fin, y lo fue. Fue el principio del fin de mi soledad y asumo que el fin de la suya. Me cuestioné mucho el amor y las relaciones en general, valoré el estar solo y creo que valoré más que alguien bacán llegara y derrumbara aquellas paredes que uno construye cuando ha sentido dolor.

Ahora soy feliz con ella y si terminara todo no le tendría el mismo miedo a estar solo. No sería el fin del mundo. Aunque, y aquí viene el cliché, sé que ella es el amor de mi vida (y espero yo ser el de ella), así que espero no estar solo de nuevo.

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